Columnas Periodismo

Vacunas contra los jueces

03/09/2017

 

No voy a ocuparme de lo que es obviamente repugnante e indigno de cualquier juez, ya no digamos de un magistrado de la Corte Suprema de Justicia: que venda sus sentencias por dinero y que haya políticos acusados de tener nexos con el paramilitarismo (como Besaile, Jattin o Ramos) que puedan comprar su libertad girando cien o mil o tres mil millones de pesos. Que se venda un fallo incluso en el más alto nivel de la justicia no solo nos deja con la boca abierta, sino con una sensación de repugnancia y rechazo sin atenuantes. Y que el conducto de esta vergüenza para la justicia haya sido el “fiscal anticorrupción” Gustavo Moreno, asiduo defensor de parapolíticos, no hace más que aumentar la indignación.

Como lo anterior es obvio, prefiero ocuparme, en cambio, de lo que es discutible y está en el terreno jurídico y político de lo que debe decidirse según sea conveniente o no para el país y para la salud de los ciudadanos. Los hechos, en resumen, son los siguientes:

Desde el año 2012 el Ministerio de Salud decidió incluir en el POS (Plan Obligatorio de Salud) la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), la cual empezó a aplicarse gratuitamente a millones de adolescentes. La vacuna, hasta ese momento, era un privilegio solamente de los más ricos, por su alto costo. Si bien las tres dosis de la vacuna se han aplicado millones de veces en Colombia y en el mundo, con un grado de seguridad y de protección altísimos, hubo episodios adversos asociados con la vacunación. El más conocido aquí fue el del Carmen de Bolívar donde las niñas de un colegio sufrieron dolores, desmayos y visión borrosa después de la aplicación de la vacuna. Las reacciones psicológicas a las vacunas, conocidas como psychogenic mass reactions, son comunes, especialmente en los colegios, y más si los medios de comunicación alimentan el miedo.

Algunos estudiosos sostienen que, a veces, la vacuna contra el VPH, podría estar asociada con la aparición de enfermedades autoinmunes. Esta afirmación podría depender de una falacia muy conocida, la de post hoc ergo propter hoc, es decir, que lo que viene después de algo es a causa de ese algo. Me vacunan y, cierto tiempo después, me da Guillain-Barré. ¿Hay aquí una relación de causalidad o solo una correlación? Es difícil saber, pero aun en el caso de que la vacuna fuera el factor desencadenante, lo cual es rechazado por la mayoría de los estudios, el nivel de protección contra el cáncer de cuello uterino que suministra la vacuna a millones de mujeres es un beneficio tan grande, en términos de salud pública, que justifica el riesgo de un puñado de casos adversos.

Lo malo y, en mi opinión, lo dañino de la sentencia del magistrado Alberto Rojas de la Corte Constitucional, es que si bien admite lo que afirma la mayor parte de los expertos médicos y científicos (que la vacuna sirve, es segura y sus efectos secundarios no son graves) la conclusión va en contravía de lo que admite: en adelante la vacuna contra el VPH solo podrá administrarse con el consentimiento informado de las vacunadas o de sus padres.

El consentimiento informado no es el problema. En una sociedad educada todo consentimiento debiera ser informado. El problema está en si la población puede negarse a recibir, a partir de esta sentencia, no digamos esta vacuna, sino otras que protegen de enfermedades más letales y contagiosas. En el caso del VPH, la vacunación no era obligatoria. La palabra “obligatorio” en el POS, no quiere decir que un tratamiento sea obligatorio, sino que es obligatorio que el estado lo ofrezca gratis. Era posible, firmando un documento, que las jóvenes rechazaran la vacuna. Pero cuando la Corte dice que el Estado no puede imponer nada al cuerpo de un individuo, abre la puerta para que vacunas tan básicas como las de difteria, varicela, polio, sarampión, etc., enfermedades con una carga epidémica muy grande, puedan también ser rechazadas según el mismo principio. Por eso el fallo, además de inútil, es dañino.

You Might Also Like

3 Comments

  • Reply Karen Erazo 03/09/2017 at 12:39 am

    Dos cositas:
    1. No puedo estar más de acuerdo. Seguro, nadie lo hubiera dicho mejor.
    2. El ‘Héctor Abad’ de este artículo sonó exactamente igual a su papá.

    Saludos.

  • Reply Hernan Pardo 03/09/2017 at 7:13 pm

    Otras dos cositas:
    1. Respetable su opinión.
    2. Se nota que no ha entrevistado a ninguna familia afectada, ni ha profundizado bien en lo que plantean algunas víctimas, no tiene que ir a Carmen de Bolívar, aquí en Bogotá y en las principales ciudades habemos decenas de padres que vimos crecer enteramente saludables a nuestras hijas y justo después de la aplicación de alguna de las dosis de la vacuna, enfermaron, en mi caso, después de muchos meses de sufrimiento familiar, darle la vuelta al mundo buscando explicaciones y sin diagnóstico concreto, un médico lo suficientemente senior y al margen de intereses, logró descubrir que el sistema imunológico de nuestra hija había atacado varios de sus órganos vitales por causas desconocidas, curiosamente todos los sintomas se dieron después de aplicar la mencionada vacuna, le preguntó a usted: esto es correlación o causalidad? Según usted, los laboratorios farmacéuticos, la mayoría de los médicos tradicionales y el gobierno nacional, se trata de correlación, para mi que lo experimenté en carne propia, es causalidad, es más, desde que empezaron a tratar los síntomas como si hubieran sido causados por efecto adverso de la vacuna, mi hija no ha hecho otra cosa que mejorar su condición de salud. En honor a su Padre lo invito a indagar más antes de dar una opinión sobre algo que si bien puede ser de mucho beneficio general, a todas luces aqui a los laboratorios se les fueron las luces en la magnitud del margen de error, revise los reportes similares en otros países, hablé con médicos que defienden ambas hipótesis, etc.

  • Reply Esteban Echavarría 03/09/2017 at 10:30 pm

    Nuevamente tenemos el dilema de que prima: el bien común o la libertad individual. Reconozco que mientras vivía en Europa, donde nacieron mis hijos, tome la decisión de no vacunarles de muchas de las enfermedades que normalmente los médicos recomiendan vacunar. Sin embargo estoy de acuerdo en que aquellas vacunas de enfermedades que pueden desatar una pandemia son no solamente un derecho para el individuo, sino también un deber pues prima el bien común sobre la libertad individual.

  • Leave a Reply