Columnas

Una nueva religión

06/08/2017

Instalación de la artista Megan Hansen-Knarhoi

Mi inolvidable amigo Alberto Aguirre, cuando era abordado por un adventista del séptimo día, por un evangélico, por un testigo de Jehová, por un mormón de los santos de los últimos días, les contestaba siempre con la misma frase: “¡No creo en la religión católica, que es la verdadera, voy a creer en la de ustedes!”. Yo, que soy un ateo manso y poco militante, últimamente tengo muchos más choques con los nuevos cristianos que con los viejos católicos.

Una vez le pedí a una empleada -evangélica- que me preparara unos camarones con yuca para una pareja de amigas lesbianas. Esto fue lo que me contestó: “Yo no cocino para mujeres que viven en pecado”. Y un amigo, también evangélico, al que le aconsejé que comprara un solar lleno de sol en un pueblo, y lo compró, después se lo cambió, sin consultarme, al pastor de su iglesia por un cuchitril sin aire, sin ventanas y sin luz. Y además le encimó plata. Sobra decir que ambos le pagan religiosamente el diez por ciento, o diezmo, de su menguado salario, a sus iglesias. Y votan por el que diga el pastor.

Se están celebrando los 500 años de la Reforma Protestante, una herejía que España no dejó llegar por acá, y tal vez por eso apenas en los últimos 50 años estamos viviendo en América Latina los efectos de aquel cisma, disfrazado con mil denominaciones, generalmente envueltas en movimientos pentecostales muy ruidosos, muy emotivos, muy gritones y extremadamente fanáticos. Son sincréticos, no dudan en introducir en su doctrina cualquier superstición de la cultura popular (maldiciones, satanismo, vudú, magia negra, lo que sea) con tal de tener más clientes. Gracias a esta capacidad de asimilarlo todo, las iglesias evangélicas brotan como hongos en cualquier esquina y, según se dice, sus secuaces ya se acercan al 20% de los colombianos, unos diez millones de personas.

Creo que su éxito, en realidad, se basa en algo que señalaba Mauricio García hace poco en una charla sobre su último libro (que recomiendo enfáticamente), El orden de la libertad. Los cristianos les dan a sus feligreses un orden, unas normas de conducta, prescripciones rituales, alimentarias, de atuendo, un ritmo ceremonial de la vida, y además les ayudan a superar el alcoholismo y la adicción a las drogas. La mayoría de las personas tienen sed de que les digan con pocas reglas muy claras lo que tienen que hacer. La libertad personal de hacer lo que a uno le dé la gana en su vida sexual, familiar, religiosa, es un lujo de cierta élite liberal individualista que no le sirve de nada al grueso de una población que se siente desorientada y dejada de la mano de Dios.

Ni el estado laico, ni la educación pública, ni los intelectuales, han sido capaces de llegar con un discurso o unas normas alternativas a la mayoría de la población. Ante este fracaso, y ante la retirada y el desprestigio de la Iglesia Católica, que ya no es lo que fue (ahora sus fieles hasta se atreven a criticar y a contradecir al Papa), a veces me he preguntado si no nos convendría crear una nueva religión. Me gustaría proponer, por ejemplo, un renacimiento del maniqueísmo. Fundar un culto dualista con un Dios bueno y un Antidiós malo que explique las tragedias y los males del mundo. En esta religión habría un Dios amoroso, pero sería impotente, es decir, lo contrario de todopoderoso. Sería un dios que intenta hacernos el bien, pero no puede, y se queda muy triste jalándose los pelos. Y un Antidiós que tampoco es todopoderoso, pero que hace maldades sin parar.

El Antidiós, por ejemplo, les dicta sus horrores y mentiras a los políticos que escriben difamaciones por Twitter. Manda sequías, avalanchas, virus incurables, bacterias furibundas, mosquitos que transmiten la malaria. Y el Dios bueno se desvive sugiriendo antibióticos a los infectólogos, ayudando a descifrar el ADN y a descodificar las enfermedades hereditarias que el Dios malo ha introducido en el código genético. ¿Una religión maniquea, sin diezmos, no tendría éxito?

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  • Juan F. Echeverri C. 06/08/2017 at 6:22 am

    ¡Excelente! y respetable don #HéctorAbadFaciolince. Imposible olvidar al querido “Cuadro” de quien se dice, murió en olor de pobreza y santidad, “con una camisa de segunda que usted le regaló”.
    Me pasa lo mismo que a “Cuadro”…me quedo con la verdadera, la de Roma…y de ahí no me mueve nada ni nadie, esa que no se multiplica como”gusanos en cosecha” con una sucursal cada media cuadra y con más “pastores”que fieles, pero que al menos muestra obras y “obras son amores y no buena razones” ni diezmos a la fuerza y carreta enlatada.
    Obras y amores fué lo que predicó Jesucristo, hijo de Dios…quien parece tuvo una túnica, la pobreza y el amor fueron su mayor riqueza y siendohijo de Dios, murió crucificado por tus pecados y los míos ,para resucitar depundando el tercer día.
    “Un mandamiento nuevo os dejo, que os améis los unos a los otro, como yo es he amado”, pero lamentablemente cada día nos odiamos más y se tiene en el campo de batalla un nuevo viejo contendiente, el diezmo que es lo único que importa, según parece.
    “Y el hijo del hombre, no tenía donde reclinar su cabeza”. No más religiones don Héctor, simplemente un sólo Dios vivo y bueno para todos.
    Un abrazo, gracias por compartir y lo dejo que salgo para misa,
    Juanfer

  • Mauricio 06/08/2017 at 1:02 pm

    Formidable Maestro. “Hagan lo que ellos dicen peron no vayan a hacer lo que ellos hacen” se cuenta en el evangelio que decía El Hujo del Hombre, de los doctores de la Ley ,de los sumos sacerdotes, los fariseos, representados hoy sin duda, por …

  • Julio Nieto 06/08/2017 at 4:41 pm

    Cual es la verdad? Esa es única pregunta que vale.

  • Lilia 06/08/2017 at 9:06 pm

    Nacida adventista y criada como Testigo de jehová, nunca entendí porque Cristo murió por mis pecados, si yo no había nacido y desde que Cristo se fue pal cielo el mundo se está acabando. Me quedo con la iglesia Católica. Pero no voy a misa…. ni tampoco creo en su credo.

  • Gerson Bedoya (@gersonbedoya) 08/08/2017 at 8:21 am

    Es muy fácil desestimar el cristianismo aduciendo que los cristianos sólo buscan que les digan qué hacer. Igual de fácil que es para los cristianos decir que los ateos sólo buscan hacer lo que quieren y desligarse de cualquier ancla moral, pero que cuando “se va cayendo avión nadie es ateo”.
    Ambos argumentos son facilistas. Puede que se cumplan para cierta parte de los cristianos y los ateos, pero no para todos.

  • Jorge Emilio Osorio (@JorgeOsorey) 09/08/2017 at 6:58 pm

    Me bautizaron en Iglesia católica, no fue mi decisión, pero no lo hicieron en una Diócesis que nos correspondía, la cual era conservadora, sino a otra que era Liberal y me he sentido muy bien hasta mis 81 años con los curas que no son pederastas, no incitan a sus feligreses a matar liberales y comunistas, ni me exigen ir a misa, ni confesarles mis “pecados” y al calor de un Wiskeje conversamos sobre lo chévere que fue Jesucristo y que no merecía que lo crucificaran. JOR

  • Álvaro Cárdenas Blanco 12/08/2017 at 4:43 pm

    Julio Nieto: la pregunta correcta sería: ¿quién es la verdad?. Por lo menos para cualquiera de nosotros que nos identificamos como cristianos, sin importar con que secta comulgamos; pues todos nosotros afirmamos creerle a Jesucristo; y Él fue quien dijo categóricamente: “Yo soy el camino, LA VERDAD y la Vida…” Que pase bien.-