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‘Tratado de culinaria para mujeres tristes’ ilustrado

14/04/2013

Aurora Intxuasti hizo esta bellísima galería de retratos para ilustrar “Tratado de culinaria para mujeres tristes”.

Publicado originalmente en El País

La mente femenina

Hay mujeres mentirosas, con rostros alegres, con miradas impactantes... El escritor Héctor Abad Faciolince demuestra en su libro 'Tratado de culinaria para mujeres tristes' (Alfaguara) su amplio conocimiento de la mente femenina. Mientras pasas las hojas descubres que el autor colombiano es capaz en 120 páginas de describir los sentimientos de algunas mujeres con una escritura impecable. La lectura de este libro que escribió en 1996 y que se reedita ahora en España es rápida y te incita a llegar hasta el final casi sin pausa. El escritor colombiano ha seleccionado para este fotorrelato en EL PAÍS nueve de sus historias favoritas y ha elegido las obras para ilustrarlos. Para este primer texto, el cuadro de Sorolla 'Las tres velas con las mujeres caminando por la arena' refleja el espíritu del libro.

Hay mujeres mentirosas, con rostros alegres, con miradas impactantes… El escritor Héctor Abad Faciolince demuestra en su libro ‘Tratado de culinaria para mujeres tristes’ (Alfaguara) su amplio conocimiento de la mente femenina. Mientras pasas las hojas descubres que el autor colombiano es capaz en 120 páginas de describir los sentimientos de algunas mujeres con una escritura impecable. La lectura de este libro que escribió en 1996 y que se reedita ahora en España es rápida y te incita a llegar hasta el final casi sin pausa. El escritor colombiano ha seleccionado para este fotorrelato en EL PAÍS nueve de sus historias favoritas y ha elegido las obras para ilustrarlos. Para este primer texto, el cuadro de Sorolla ‘Las tres velas con las mujeres caminando por la arena’ refleja el espíritu del libro.

 

La coliflor en nieblas

En un fragmento del relato 'La coliflor en nieblas' el autor escribe: "Haces volteretas con el cuerpo y la imaginación para evadir la tristeza. ¿Pero quién te ha dicho que se prohíbe estar triste? En realidad, muchas veces, no hay nada más sensato que estar tristes; a diario pasan cosas, a los otros, a nosotros, que no tienen remedio, o mejor dicho, que tienen ese único y antiguo remedio de sentirnos tristes. No dejes que te receten alegría, como quien ordena una temporada de antibióticos o cucharadas de agua de mar a estómago vacío...". El autor solicitó una imagen de un bodegón en la que destacase una coliflor. Foto: Tolo Ramón

En un fragmento del relato ‘La coliflor en nieblas’ el autor escribe: “Haces volteretas con el cuerpo y la imaginación para evadir la tristeza. ¿Pero quién te ha dicho que se prohíbe estar triste? En realidad, muchas veces, no hay nada más sensato que estar tristes; a diario pasan cosas, a los otros, a nosotros, que no tienen remedio, o mejor dicho, que tienen ese único y antiguo remedio de sentirnos tristes. No dejes que te receten alegría, como quien ordena una temporada de antibióticos o cucharadas de agua de mar a estómago vacío…”. El autor solicitó una imagen de un bodegón en la que destacase una coliflor.
Foto: Tolo Ramón

 

El vaso de agua

Héctor Abad escribe sobre la verdad y la mentira: "Esa tendencia a traicionar, a mentir y a ser perfectamente franca. A esconderte o a mostrarte mucho. Ese cuidado de cuidarte tanto para acabar narrando tu historia, tu verdad con pelos y señales a un desconocido. Esas ganas de huir, de salir corriendo cuando alguien muestra que empieza a conocerte, aunque no te reveles. Ese vértigo de quedarte. Esa indomable sed de alguien y de no estar con nadie. De envolver las caricias en palabras. Esas ganas de cambiar sin renunciar a nada. Esa hambre de imposibles. ¿Cómo pensar en esta confusión contradictoria? Es verdad y mentira, está bien y está mal y no hay salida. Nada que hacer. Tómate un vaso de agua". El cuadro que ilustra el relato es 'La cena' (1971-1980), de Antonio López.

Héctor Abad escribe sobre la verdad y la mentira: “Esa tendencia a traicionar, a mentir y a ser perfectamente franca. A esconderte o a mostrarte mucho. Ese cuidado de cuidarte tanto para acabar narrando tu historia, tu verdad con pelos y señales a un desconocido. Esas ganas de huir, de salir corriendo cuando alguien muestra que empieza a conocerte, aunque no te reveles. Ese vértigo de quedarte. Esa indomable sed de alguien y de no estar con nadie. De envolver las caricias en palabras. Esas ganas de cambiar sin renunciar a nada. Esa hambre de imposibles. ¿Cómo pensar en esta confusión contradictoria? Es verdad y mentira, está bien y está mal y no hay salida. Nada que hacer. Tómate un vaso de agua”. El cuadro que ilustra el relato es ‘La cena’ (1971-1980), de Antonio López.

 

Rostro de mujer

"Cuando peor estás si ves la cara de un amigo o de una amiga te mejoras", señala Abad. Una receta que el escritor recomienda: "El rito del sosiego es el siguiente. Dos sillas y una mesa, un paté de hígado de ave, tostadas de pan fresco y trigo íntegro, una botella helada de vino de Sauternes y frente a ti la cara del amigo, de la amiga, el rostro que conoces, uno de esos que con sólo verlos nos devuelven la calma. El paté, a los amigos, les recuerda que son carne. El pan no los deja olvidar que todo nace de la tierra y todo a ella vuelve. El espíritu del vino de Sauternes aviva lo que más nos hace vivos: la posibilidad de unir dos pensamientos". La obra que ilustra es 'Mujer' (1933), de Amelia Peláez.

“Cuando peor estás si ves la cara de un amigo o de una amiga te mejoras”, señala Abad. Una receta que el escritor recomienda: “El rito del sosiego es el siguiente. Dos sillas y una mesa, un paté de hígado de ave, tostadas de pan fresco y trigo íntegro, una botella helada de vino de Sauternes y frente a ti la cara del amigo, de la amiga, el rostro que conoces, uno de esos que con sólo verlos nos devuelven la calma. El paté, a los amigos, les recuerda que son carne. El pan no los deja olvidar que todo nace de la tierra y todo a ella vuelve. El espíritu del vino de Sauternes aviva lo que más nos hace vivos: la posibilidad de unir dos pensamientos”. La obra que ilustra es ‘Mujer’ (1933), de Amelia Peláez.

 

La mujer adúltera

'En la mujer adúltera' lo que escribe Abad se remonta al Evangelio: "Nadie se atrevió, según el Evangelio, a lanzar la primera piedra contra la mujer adúltera. ¿Quién no esconde en su corazón el eco de un mal pensamiento? Lo dijo, si no me engaño, un tipo disoluto: el adulterio es la sal del matrimonio. Es decir que cierta dosis de adulterio es necesaria para no aburrirse mucho, para que no se vuelva soso el yugo conyugal que ata a las esposas con los maridos. Una cierta dosis que, por supuesto, no es igual para todas. No todos los adulterios se cometen de la cintura para abajo. Bien lo saben los padres de la iglesia: también cometemos adulterio en nuestro corazón. Nada más cierto: en nuestro corazón, en nuestra imaginación, en nuestros sueños. Y de vez en cuando, algunas atrevidas, en la realidad. Que le seamos fieles a nuestra pareja hasta en los más recónditos pensamientos no sólo es improbable: es poco recomendable. A la salud mental le conviene una rendija de infidelidad, una válvula de escape para el agobio demasiado intenso de la convivencia. No te embeleses en las fantasías, pero no te cercenes de toda fantasía". Este cuadro elegido por Abad es 'María Magdalena', de Leonardo da Vinci.

‘En la mujer adúltera’ lo que escribe Abad se remonta al Evangelio: “Nadie se atrevió, según el Evangelio, a lanzar la primera piedra contra la mujer adúltera. ¿Quién no esconde en su corazón el eco de un mal pensamiento? Lo dijo, si no me engaño, un tipo disoluto: el adulterio es la sal del matrimonio. Es decir que cierta dosis de adulterio es necesaria para no aburrirse mucho, para que no se vuelva soso el yugo conyugal que ata a las esposas con los maridos. Una cierta dosis que, por supuesto, no es igual para todas. No todos los adulterios se cometen de la cintura para abajo. Bien lo saben los padres de la iglesia: también cometemos adulterio en nuestro corazón. Nada más cierto: en nuestro corazón, en nuestra imaginación, en nuestros sueños. Y de vez en cuando, algunas atrevidas, en la realidad. Que le seamos fieles a nuestra pareja hasta en los más recónditos pensamientos no sólo es improbable: es poco recomendable. A la salud mental le conviene una rendija de infidelidad, una válvula de escape para el agobio demasiado intenso de la convivencia. No te embeleses en las fantasías, pero no te cercenes de toda fantasía”. Este cuadro elegido por Abad es ‘María Magdalena’, de Leonardo da Vinci.

 

Enfermar de palabras

Esta es la receta de Abad para el mal de las palabras: "Si algún día te enfermas de palabras, como a todos nos pasa, y estás harta de oírlas, de decirlas. Si cualquiera que eliges te parece gastada, sin brillo, minusválida. Si sientes náuseas cuando oyes 'horrible' o 'divino' para cualquier asunto, no te curarás, por supuesto, con una sopa de letras. Has de hacer lo que sigue: cocinarás al dente un plato de espaguetis que vas a aderezar con el guiso más simple: ajo, aceite y ají. Sobre la pasta ya revuelta con la mezcla anterior, aunque esto lo prohíba la etiqueta, rallarás un estrato de queso pecorino. Al lado derecho del plato hondo colmo de espaguetis con lo dicho, pondrás un libro abierto. Al lado izquierdo, pondrás un libro abierto. Al frente, un vaso lleno de vino tinto seco...".

Esta es la receta de Abad para el mal de las palabras: “Si algún día te enfermas de palabras, como a todos nos pasa, y estás harta de oírlas, de decirlas. Si cualquiera que eliges te parece gastada, sin brillo, minusválida. Si sientes náuseas cuando oyes ‘horrible’ o ‘divino’ para cualquier asunto, no te curarás, por supuesto, con una sopa de letras. Has de hacer lo que sigue: cocinarás al dente un plato de espaguetis que vas a aderezar con el guiso más simple: ajo, aceite y ají. Sobre la pasta ya revuelta con la mezcla anterior, aunque esto lo prohíba la etiqueta, rallarás un estrato de queso pecorino. Al lado derecho del plato hondo colmo de espaguetis con lo dicho, pondrás un libro abierto. Al lado izquierdo, pondrás un libro abierto. Al frente, un vaso lleno de vino tinto seco…”.

 

Soltería

Esta es una de las recetas escritas por Abad en las que hace referencia a la soledad: "¿Pero es quizás un mal la soltería? No dejes que te agobien las casamenteras, no dejes que te ronden las falsas celestinas. Unas hay que se casan a la fuerza y son felices; otras que van sonrientes al rito de la boda sin siquiera pensar que andan hacia el patíbulo. ¿No podrán ser felices las que a la fuerza se queden solteronas por carencia de ofertas? Quizás entre las lágrimas te estés ganando un cielo aquí en la Tierra. Eso de maridarse es una lotería. Los más apuestos jóvenes se vuelven barrigones poco antes del tercer aniversario. Dictadores ociosos, tiranos insaciables, indiferentes lelos que leen el periódico y ven televisión. Los príncipes azules son escasos de veras. No cojas, eso sí, los vicios más funestos de la soltería. Deja de ser chismosa. Rechaza todo rastro de amargura...". Hopper es uno de los autores favoritos del escritor, el cuadro elegido es 'Sol de la mañana' (1952).

Esta es una de las recetas escritas por Abad en las que hace referencia a la soledad: “¿Pero es quizás un mal la soltería? No dejes que te agobien las casamenteras, no dejes que te ronden las falsas celestinas. Unas hay que se casan a la fuerza y son felices; otras que van sonrientes al rito de la boda sin siquiera pensar que andan hacia el patíbulo. ¿No podrán ser felices las que a la fuerza se queden solteronas por carencia de ofertas? Quizás entre las lágrimas te estés ganando un cielo aquí en la Tierra. Eso de maridarse es una lotería. Los más apuestos jóvenes se vuelven barrigones poco antes del tercer aniversario. Dictadores ociosos, tiranos insaciables, indiferentes lelos que leen el periódico y ven televisión. Los príncipes azules son escasos de veras. No cojas, eso sí, los vicios más funestos de la soltería. Deja de ser chismosa. Rechaza todo rastro de amargura…”. Hopper es uno de los autores favoritos del escritor, el cuadro elegido es ‘Sol de la mañana’ (1952).

 

Niega

Una recomendación del autor reflejada en su libro: "Niega, niega, niega, di que no, que jamás, que no se te ha pasado por la mente. No, no estoy haciendo un elogio de la mentira, sino de la piedad. El hombre, como tú, prefiere no saber de una aventura que sólo fue casual. No lo tortures con una sinceridad y una franqueza innecesarias. No te confieses ni te sientas culpable. Y aunque haya indicios ciertos, niega, niega, que es mejor dejar una duda por la que el hombre pueda treparse hasta el olvido. Ya lo decía mi maestro Ovidio: "Como eres bella, admito que me traiciones; lo que no admito es que me hagas desgraciado haciéndomelo saber. Yo no pretendo con mi censura que te vuelvas pudorosa; lo que te pido es que intentes fingir". Seré aún más concreto: ten piedad de nosotros; los hombres adoramos el engaño. Mejor dicho, no queremos saber la verdad, aunque en el fondo la intuyamos muy bien. No nos quites la posibilidad de seguirte queriendo. Así como no es posible vivir siempre desnudos, tampoco es soportable la verdad permanente. No te confieses, no seas transparente, no pretendas quitarte un peso de conciencia. O hazlo con un cura, pero jamás con tu pareja. No habrá culpa mayor que la incapacidad de esconder bien las culpas". El relato va acompañado de una ilustración del cerebro.

Una recomendación del autor reflejada en su libro: “Niega, niega, niega, di que no, que jamás, que no se te ha pasado por la mente. No, no estoy haciendo un elogio de la mentira, sino de la piedad. El hombre, como tú, prefiere no saber de una aventura que sólo fue casual. No lo tortures con una sinceridad y una franqueza innecesarias. No te confieses ni te sientas culpable. Y aunque haya indicios ciertos, niega, niega, que es mejor dejar una duda por la que el hombre pueda treparse hasta el olvido. Ya lo decía mi maestro Ovidio: “Como eres bella, admito que me traiciones; lo que no admito es que me hagas desgraciado haciéndomelo saber. Yo no pretendo con mi censura que te vuelvas pudorosa; lo que te pido es que intentes fingir”. Seré aún más concreto: ten piedad de nosotros; los hombres adoramos el engaño. Mejor dicho, no queremos saber la verdad, aunque en el fondo la intuyamos muy bien. No nos quites la posibilidad de seguirte queriendo. Así como no es posible vivir siempre desnudos, tampoco es soportable la verdad permanente. No te confieses, no seas transparente, no pretendas quitarte un peso de conciencia. O hazlo con un cura, pero jamás con tu pareja. No habrá culpa mayor que la incapacidad de esconder bien las culpas”. El relato va acompañado de una ilustración del cerebro.
Foto: Mathias Kulka (Corbis)

 

Inmortalidad

La muerte es en el libro del autor colombiano uno de sus relatos más breves: "Muchas veces, al borde de hallar la receta de la inmortalidad, me distrajo la presencia espantosa de la muerte". El cuadro elegido para esta receta es 'La muerte de Cleopatra' (1892), de Reginald Arthur.

La muerte es en el libro del autor colombiano uno de sus relatos más breves: “Muchas veces, al borde de hallar la receta de la inmortalidad, me distrajo la presencia espantosa de la muerte”. El cuadro elegido para esta receta es ‘La muerte de Cleopatra’ (1892), de Reginald Arthur.

 

 

 

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