Columnas

Señora muerte

22/03/2015

NICANOR RESTREPO SEl domingo pasado se nos murió Nicanor Restrepo Santamaría. Mejor dicho, “viajó”, que era como le gustaba decir a él. Apenas supe que había viajado, hice lo que suelo hacer cuando una tristeza me empuja con fuerza: me puse a recitar, que es la manera laica de rezar. Recité un viejo poema que León de Greiff escribió muy joven, a los 24 años, por los amigos muertos: “Señora Muerte que se va llevando / todo lo bueno que en nosotros topa! / Solos -en un rincón- vamos quedando / los demás, ¡gente mísera de tropa!”. Creo que quienes rezan y quienes recitamos, perseguimos un fin parecido: buscamos ese extraño, pero real, consuelo de las palabras. El rezo consuela con la ilusión del más allá; la recitación consuela con el recuerdo del más acá. Por eso mismo se escriben obituarios: aunque no sirvan para resucitar a los que viajaron, al menos los evocan con cariño, es decir, los reviven un momento más, en sus facetas más luminosas.

No puedo decir que fui amigo íntimo de Nicanor. Puedo decir, sí, que lo admiraba como empresario, como humanista y como hombre de paz. Si digo su nombre a secas, Nicanor, es porque cuando alguien lleva un nombre así, se pueden omitir los apellidos. Además, su nombre completo era tan largo como imposible: Juan Guillermo Luis Pedro Nicanor. Juan Guillermo, por el papá; Luis, por el día del santo en que nació; Pedro por un abuelo; y Nicanor por el otro. Algo que habla de la personalidad risueña e independiente de Nicanor es que, de todos sus nombres, escogió el peor.

Sin haber sido amigo íntimo de él, sí fui un espectador curioso de su vida y de sus actuaciones. Por eso sé que fue un hombre íntegro y bondadoso, que conjugó en una sola persona dos facetas que suelen ir separadas: la del empresario y la del humanista. Y de ambas supo sacar lo mejor. En general los humanistas desconfían de los empresarios y los empresarios de los humanistas. Los humanistas creen que los empresarios son chupasangres que solo piensan en plata, en explotar a los pobres, en amasar fortunas con la plusvalía, y en mirar a los otros por encima del hombro. Y los empresarios creen que los humanistas son zánganos que viven de la labia vacía, que se ahogan en la bohemia y solamente son buenos para criticar sin proponer soluciones. Claro que hay empresarios así, y humanistas así; pero los mejores, de uno y otro lado, no son de este tipo. Nicanor fue un empresario con curiosidad de humanista y por eso hizo su PhD en sociología en París poco antes de cumplir 70 años.

El malentendido entre empresarios y humanistas lleva a la suspicacia perpetua, cuando no al odio. Por eso es raro (y magnífico) que en una persona se puedan juntar ambas facetas de un modo tan armónico. A Nicanor el humanismo le dio su sentido social, su convicción por la paz y su compromiso con la educación (era presidente del Consejo Superior de Eafit). Y gracias a sus cualidades empresariales supo defender a las más grandes empresas antioqueñas de los tiburones extranjeros, de las amenazas de los narco negociantes, y de la atracción de los políticos autoritarios.

Naturalmente lo conocí más en su faceta humanística que en la empresarial. Hace poco me acompañó como jurado del Premio de Narrativa Colombiana, y fue un lector preciso y agudo de los libros finalistas. Como contertulio me regaló una historia (que yo copié en La Oculta, mi última novela) del ancestro marrano o judeoconverso de los Santamaría: el fallido viaje de un cura a buscar certificados de limpieza de sangre en España. Siempre que hablábamos me hacía reír, porque nunca se tomaba en serio y odiaba la solemnidad. A punto de “viajar”, el fin de semana pasado, asustó a su propia familia con una pregunta irónica y feliz: “¿Ya me morí?” Despedirse sonriendo y no llorando es una bonita lección. La del empresario íntegro que encara su muerte como humanista. Es más, como un sabio.

Termina así el poema de De Greiff: “¿Dónde las almas íntimas, hermanas? / ¡Señora Muerte se las va llevando!”

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  • Gladys Kook 22/03/2015 at 7:22 pm

    Me encanta leer su columna, me gustó más el apelativo de “”señora” que León de Greif le da en su poesía a la muerte que el de “la pelona” de los mexicanos.
    Eso si permítame que le diga que casi me pierdo de leer este artículo porque a primera vista vi sólo la foto ya que el trasfondo obscuro al estilo de persiana camufla totalmente la escritura Y de verdad para leerlo tuve que ampliarlo bastante. Le pido por favor que no use mas ese trasfondo, pues no me quiero perder sus artículos.
    Muchas gracias y saludos

  • Anabelle Aguilar 22/03/2015 at 10:55 pm

    Gracias, disfruto la lectura de tus artículos. No me los pierdo. Luego a mi muro, no a mi muero.