Poesía

Rutina

15/10/2012

Esa felicidad,
esa seguridad
de repetir los mismos gestos cada día.
Exprimir las naranjas,
preparar el café,
tostar las rebanadas
de pan,
untar la mermelada.
Darle a la vida
el ciclo regular de los planetas,
acostarse a las once,
levantarse a las seis,
sentir que cae el agua
tibia, plácida,
encima de tus hombros,
usar siempre
el mismo jabón, el mismo champú,
la misma loción
–la que usaba tu padre–.
Protestar por lo malo
que se ha vuelto el periódico,
el de toda la vida,
el pan de cada día,
y volver a comprarlo
con ese mismo asco resignado
de tener que cagar
una mañana sí y otra también.
Usar siempre los mismos
viejos zapatos que se parecen
más a ti que tus pies.
Vestirte
con el eterno azul
que te vuelve invisible,
felizmente invisible.
Sentir que tú eres tú,
que yo soy yo.
Ir a los mismos sitios,
comer las mismas cosas,
jueves frisoles,
lunes pescado,
sábados arroz…
Visitar a tu hermana todos los veranos
y pensar que envejece,
pero decirle siempre que no cambia,
que no cambie.
Recordar a los muertos
en cada aniversario;
enviar tarjetas cursis
en cada cumpleaños.
Planear de nuevo el viaje
que nunca emprenderemos.
No poder soportar
que ya no haya tranvía,
que hayan movido
la parada del bus
a la otra manzana,
que hayan quebrado los ferrocarriles,
que nadie escriba cartas
y haya que adaptarse
al correo electrónico,
tan vulgar, tan urgente,
la vida un permanente
telegrama.
Resistirse a llevar en el bolsillo
un teléfono,
detestar que el dinero
sea de plástico
y no de plata, de oro o tan siquiera
de papel.
Que el mismo corte de pelo
te lo haga siempre el mismo peluquero,
que tengas siempre gripa por enero,
que el primero
y el quince
llegue la quincena.
Desayunar trancado,
almorzar abundante,
cenar poco,
quejarse de la gota, de la bilis,
de la memoria y de la digestión.
Creer que nunca sueñas.
Recordar ese chiste
de tu única esposa:
“Aquí se picha los viernes
estés vos o no estés vos”,
y hacer hasta lo imposible
cada viernes
por encaramarte en ella
con ganas o sin ganas
porque l’appetito vien mangiando
como dicen en Turín.
Negar que eres un soso,
un rutinario
con el verso aprendido de un amigo:
“La vida se soporta
tan doliente y tan corta
solamente por eso”.
Caminar por la calle ensimismado,
ausente de este mundo,
rumiando en tu cabeza
historias, frases, viajes, desventuras,
crímenes, adulterios, melodramas, incestos,
abortos, heroínas, traiciones, sacrificios,
saber que todo drama
está en tu calavera,
que la gran aventura
ocurre en las paredes de tu cráneo,
que nunca habrá más grande sensación
(orgías, drogas, sueños)
que aquello que imaginas.
Que la vida consiste en perdonarnos
las ofensas que hacemos,
los gestos que no hicimos,
los silencios cobardes,
los fingidos afectos,
las mentiras.
Y escribir cada día,
ganar la lotería
de al menos una frase
que nadie ha dicho nunca,
tener un pensamiento
que todos han tenido,
pero decirlo bien
con todas las vocales,
con todos los sonidos,
con todos los sentidos.
Lograr que la aventura de tu vida
esté en las páginas que escribes,
en los ojos que ahora
pulen un heptasílabo,
quitan o ponen una coma, una tilde, un acento,
en los ojos que ahora se detienen
complacidos tal vez
o entretenidos
en un punto, este punto: .

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  • Diana 22/10/2012 at 2:08 pm

    Genial! Me encanto!

  • W.H. 30/10/2012 at 10:07 am

    Que la vida consiste en perdonarnos
    las ofensas que hacemos,
    los gestos que no hicimos,
    los silencios cobardes,
    los fingidos afectos,
    las mentiras.
    …Qué más puede o podría ser una rutina??

  • Henry Moreno 16/01/2013 at 8:32 pm

    Fabuloso poema feleicitacones hHctor Abad , asi asi de simple llegamos todos, unos mas lento otros mas pronto, pero al final como dirigidos al abismo a esa esquina personal , infernal hacia alli nos dirigimos, a veces pesados otras sin alientos, otras desposados, pero en esa esquina retorcida y esquiva esta el final al que muchos le huimos, unos le tememos y otros lo retan para saber que al final alli terminamos todos en el abismo del final de nuestras vidas que un dia iniciamos y que el ultimo de ellos como al sonar del timbre para el recreo en la ecuela tambien nos llega con felicidad y tristeza a la vez.

  • Tatiana 22/01/2013 at 5:01 pm

    Me encanta, ¡tú me encantas!

  • Grisela Martinez 21/04/2013 at 6:48 pm

    Excelente!!!

  • Libardo Giraldo B. 15/11/2013 at 5:06 pm

    Admirable!!!
    Cuentos, ensayos, historias
    letras, canciones, memorias.
    Lo haces sencillo, lo haces fácil.
    Cómo escribes desde el corazón
    todo te sale bien, tiene un gran sabor.

    Muchísimos años de vida para el maestro Héctor Abad, no me canso de seguir sus publicaciones, nos muestra que un mundo mejor si es posible, nos enseña que el hombre tiene todo para mejorar este pequeño planeta y los seres que lo habitamos, todos los seres sin exclusiones. En este momento me viene a la memoria un escrito del Dr. Héctor Abad Gómez, “Manual de Tolerancia”, un excelente ensayo que tuve la fortuna de leer, pero como todo ser humano me cuesta practicar, al menos hago un buen intento.

    Saludos y felicitaciones!

  • LUZ ADRIANA TINJACA FARIAS 15/03/2014 at 4:35 am

    Hermoso simple verdadero me encanta le reitero mi admiración gracias por tan bella escritura

  • Valentina Lopez 11/09/2016 at 11:02 pm

    Gracias. Tus palabras me llenan, me sufren, me viven.