Columnas

Palabras de Nochebuena

22/12/2013
lost words

Imagen por “Thinkerblah”, tomada de aquí: http://bit.ly/JQ4Hbx

Nochebuena es una palabra que he visto envejecer en los labios de mi madre. Ahora es ella la única de la familia que todavía la dice para referirse a la víspera de la Navidad, cuando todos en la casa nos juntamos. Pero ella tiene casi noventa años y su bisnieto menor apenas cinco: ¿habrá tiempo de que este último la aprenda y la repita? No lo creo, a pesar de que siempre pasemos bueno en esa noche de pasado mañana. ¿Adónde irán a parar esas palabras viejas que ya casi nadie usa y apenas quedan en la letra menuda de los diccionarios, en la trastienda de la historia de la lengua? Eso mismo se pregunta en su blog una muchacha (otra palabra que se esfuma) que no es pariente mía, pero podría serlo porque se llama Mar Abad. Ella señala ahí “palabras moribundas”, de las que ya pocos usan y casi nadie sabe lo que quieren decir. Algunas desaparecen porque la cosa ya no es de empleo cotidiano (enaguas), o porque un sinónimo la hizo olvidar (piloto por aviador), o porque eso nunca se vio en el país.

Por ejemplo, como aquí no hay aceitunas ni hacemos aceite de oliva, ¿para qué habríamos de saber el significado de la hermosa palabra almazara? Yo acabo de aprenderla en la Sabinia, donde una antioqueña errante, Adriana Saldarriaga, produce uno de los mejores aceites de oliva de Italia. Allá no muelen caña sino aceitunas y por eso en Colombia llamamos o llamábamos trapiche al molino que en España es almazara. Si alguien no ha ido al campo en Antioquia, quizá no haya dicho nunca palabras como zurriago, alforjas o zamarros y quizá no sepa lo que es una barbada o una grupa. Así como yo no sabía una palabra ladina (y española) que me enseñó Albert Abenxuxán, sefardita y traductor al francés: almojarife, que es lo que eran sus antepasados toledanos y lo que era Cervantes el converso: recaudador de impuestos. O la palabra mamporrero, que señala el curioso oficio de dirigir la porra del caballo a la vulva de la yegua.

Hace muy poco tuve la suerte de que me invitaran a conocer la región donde se supone que nació nuestra lengua, o al menos donde Dámaso Alonso sostiene que dio el primer vagido de su existencia. Allí, muy cerca de Berceo y de los monasterios de San Millán de la Cogolla (el de suso y el de yuso, palabras que ya nadie usa para decir arriba y abajo), una señora de nombre Mercedes nos enseñó en su bodega, Viña Tondonia, cómo se hace el vino a la manera tradicional. Habló de los murmullos de las cubas (donde se fermenta el fervoroso caldo), y de cómo el vino (palabra sin sinónimos) sobre durmientes de madera y a través de falsetes se trasiega a de un tonel a otro. Los únicos durmientes que yo recordaba eran los del ferrocarril de Antioquia, pero quién sabrá lo que eran estos, ahora que ya no existe el tren aquí.

Dice mi no prima Mar Abad que estos datos sobre palabras que desaparecen los ha tomado de un libro del gran Álex Grijelmo y de Pilar G. Mouton, que se llama precisamente así, Palabras moribundas. De haber sabido de su existencia lo habría comprado yo a orillas del río Oja, o Rioja. Por lo pronto aquí, en estas aisladas montañas del trópico andino, donde mi madre se empeña en que no olvidemos viejas palabras dulces como Nochebuena, tamal, buñuelo, novena, pesebre, aguinaldo, traído y villancico, me voy a dedicar a parar oreja, o a hacer memoria, para tratar de recobrar palabras que ya nadie dice, verbos normales como entrar u oír (todos escuchan e ingresan), tradiciones caducas como platicar, actos deliciosos como yantar y bogar mucho, que ahora parecen malsanos. Echado en una hamaca colgada sobre el tablao (que mis sobrinos llaman deck) voy a rumiar palabras como las vacas rumian el pasto que arrancan en la dehesa, que es como en otras partes le dicen al potrero de acá.

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  • txema 22/12/2013 at 9:02 am

    Hola Hector
    bonita entrada sobre palabras moribundas. Solo quería añadir una corrección. Los hallazgos mas recientes, que nunca se sabe si serán superados por otros, muestran que las primeras lineas de castellano anitguo se hallaron en la colegiata de Valpuesta en el valle de Valdegobia, en Alava, Pais Vasco que fue obispado en otros tiempos. Aunque actualmente pertenece a Burgos. Ya antes de todo este proceso de regiones, el valle fue también castellano. Cosas de la historia. : “En noviembre de 2010, la Real Academia Española avaló a los cartularios como las primeras palabras escritas en castellano, anteriores a las Glosas Emilianenses”.( http://es.wikipedia.org/wiki/Valpuesta).
    Otros descubrimientos recientes han encontrado los primeros escritos del Euskera en el norte de Alava, cerca de Vizcaya. Lo cual confirma que Alava era elnexo entre los vascos y castellanos, por eso no somos ni chicha ni limonada.
    saludos
    Txema