Columnas

No se aprende a ser gay

14/08/2016
Foto: Carlos Bernate / SEMANA

Foto: Carlos Bernate / SEMANA

Curiosamente los pastores, los monseñores, los padres de familia que desfilaron, y los defensores de “las identidades de género no hegemónicas” comparten el mismo prejuicio: creen que la sociedad, o una ministra perversa, o la clase dirigente, o la civilización judeocristiana, o la escuela inmoral, o la escuela represiva, puede producir (como moldeando piezas a su antojo) hombres o mujeres homosexuales, bisexuales, heterosexuales, transexuales, etc. Creen unos y otros, curiosamente enfrentados la semana pasada, que las apetencias sexuales se pueden inculcar, aprender, enseñar. Es decir, que dependen del ambiente.

Y no. Uno es, al menos en las cosas más hondas y permanentes de su personalidad, lo que es. Uno siente las apetencias con las que vino al mundo. A ser homosexuales, bisexuales o heterosexuales no se aprende o desaprende con el ejemplo, con las cartillas, con el catecismo, con sermones. Sin duda hay roles de género aprendidos (que los hombres no cocinen o no cambien pañales, que las mujeres se ocupen de los oficios de la casa) que se pueden y deben combatir. Pero la identidad sexual y las inclinaciones del deseo no se educan, sino que son y deben respetarse.

En todas las culturas se da naturalmente la existencia de hombres y mujeres homosexuales o al menos sin apetencias heterosexuales. ¿Se pueden enseñar comportamientos heterosexuales a un gay o comportamientos homosexuales a un no gay? No creo. Es como enseñar a pintar paisajes reales a un ciego, como obligar a escribir con la zurda al que siempre ha escrito con la mano derecha. No es del todo imposible, pero ni nos sale bien ni lo hacemos con comodidad.

En muchas especies animales (mamíferos, aves, insectos) se observan comportamientos homosexuales (y bisexuales, y hermafroditas, y monógamos, y poliándricos, y promiscuos, y célibes, de todo). Si Dios es, efectivamente, el creador de todo lo existente, sin duda crea homosexuales en el reino animal y también entre los consentidos de la creación, los hechos a su imagen y semejanza: los seres humanos. Nadie escoge libremente, por voluntad, las inclinaciones sexuales que siente. Simplemente las siente y, según las circunstancias, las ejerce o las reprime. Si estas inclinaciones no le hacen daño a nadie, y se encuentra otra persona a la que espontáneamente le gusta lo mismo, no debería haber motivos ideológicos ni religiosos para impedirles seguir con libertad sus inclinaciones.

Si la homosexualidad es un fenómeno minoritario pero universal, debe tener explicaciones biológicas, no culturales. Y hay explicaciones. Una es, por ejemplo, que en las madres con muchos hijos varones, cuantos más hermanos mayores tenga un hijo, mayor es la probabilidad de ser gay. La teoría dice que de algún modo las mujeres expuestas a la testosterona de los fetos van desarrollando resistencia a esta hormona, con lo cual la masculinización del cerebro de los hijos sucesivos se va atenuando paulatinamente. Según esta hipótesis, la homosexualidad dependería no de los genes, sino del ambiente uterino.

Los defensores de un componente genético de la homosexualidad se basan también en lo que se ha observado entre los gemelos idénticos: cuando uno de ellos es homosexual es más probable que el otro también lo sea, o que siga patrones más “femeninos” de comportamiento. E incluso cuando en una familia hay un hermano homosexual, es más probable que otro también lo sea.

Es triste que de estos temas no se hable abiertamente y sin prejuicios en la escuela y en la familia. Es triste la ignorancia de quienes creen que sus hijos se pueden volver gays por pura influencia ambiental, o porque les hablen del respeto por las minorías homosexuales. Es triste que hagan manifestaciones multitudinarias (donde los pastores gritan que el Espíritu Santo los acompaña) para defender prejuicios e intolerancia. Ha hecho bien la ministra Parody al proponer y defender una educación en la que se enseñe algo que sí puede enseñarse: respeto por las diferencias.

 

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  • Jorge Iván Ortega 31/08/2016 at 1:41 pm

    Si, es muy cierta la proporción de homosexuales, y también estoy de acuerdo con que una cosa es como se nace y otra lo que se adquiere a lo largo de la vida, sabiendo que si no hay una inclinación natural no es posible orientar una tendencia, tal como sucede con la vocación profesional.

    En lo que no creo es en que las manifestaciones que se hicieron hace poco hayan sido una marcha contra la tolerancia o los LGBTI y menos todavía que la intención fuera hacerles el matoneo, a esta comunidad o a la ministra

    Creo que también hay algo de cansancio en el eco que se le da a todo lo que tenga que ver con los LGBTI y en comparación, poco se presione a la ministra para motivar la cohesión familiar, la conciencia de comunidad, el trabajo coordinado familia-colegio y la necesidad de hogares mejor estructurados, es decir, hay mucho para hablar y no me explico por qué hay que darle prioridad a los temas LGBTI, lo digo por los volúmenes de tinta que generan uno y otro tema.

    cuando lo tomo como algo personal, creo que campañas por estos temas no dan muchos réditos y esa es la rabia con la ministra… como decíamos en el colegio, los LGBTI parece que tuvieran rosca con el gobierno, y a riesgo de parecer muy infantil en mi opinión creo que a los otros temas deben darle publicidad también