Periodismo

Los antivacunas y el complot universal

07/06/2015

 

vacuna_alcira1

La vacunación anticolérica de Ferrán en Alcira. Grabado de R. J. Contell en La Ilustración Nacional.

 

Desde hace casi 30 años, 1987, no había en España un solo caso de difteria. Y en Cataluña desde antes, desde 1983. Pero en este momento agoniza un niño de 6 años en un hospital de Barcelona. Ojalá lo salven. Que un niño se enferme y muera parecerá muy normal, claro. Lo que pasa es que en este caso se trata de una enfermedad que se previene fácilmente con una o dos vacunas en la primera infancia. Y los padres de este niño en particular han declarado que se dejaron convencer por un movimiento creciente (y muy idiota) que hay en el mundo: el MAV, Movimiento Anti Vacunación. Según ellos, vacunar a los niños es innecesario, dañino, pernicioso.

Este tal movimiento tiene muchas caras y se presenta a veces como naturista (los niños deben crear anticuerpos por sí mismos, estimular las defensas, y las vacunas se lo impiden); otras veces mediante la difusión de miedos y mitos urbanos que no tienen bases científicas serias (las vacunas producen autismo); otros más lo envuelven en un ropaje de convicciones religiosas (no debemos oponernos con remedios a los designios de Dios); o también a través de descabelladas teorías de conspiración (la ciencia occidental ha sido creada para producir el mal e inocular enfermedades en las clases pobres y en los pueblos inocentes del sur).

Dirán que el caso español es aislado y no tiene importancia. No es así. Este caso es el síntoma de un problema creciente, no digamos en África ni en las partes más atrasadas de América Latina (donde la falla es que no se vacuna por falta de recursos), sino en el corazón de los países más desarrollados. Es ahí, precisamente, en Estados Unidos, en Alemania, en partes de Francia e Italia, donde algunas enfermedades que parecían casi desterradas incluso del vocabulario corriente contemporáneo están volviendo a crecer: sarampión, paperas, tos ferina… El oscurantismo, el fanatismo religioso y sobre todo el odio por la ciencia producen muerte.

Se calcula que la viruela (hoy erradicada de la tierra) alcanzó a matar unos 500 millones de seres humanos. Hasta hace 60 años la poliomielitis dejaba paralíticos a cientos de miles de niños en el mundo. Cuando yo empecé la primaria, tenía todavía compañeros con parálisis infantil, como también se le decía a la enfermedad. Pues resulta que hoy en día están renaciendo algunas enfermedades contagiosas gracias a estos movimientos tontos y fanáticos que esparcen la ignorancia bajo una apariencia de lucha por la libertad. Aquí los padecimos hace poco con la psicosis colectiva en contra de la vacuna del papiloma. Las vacunaciones disminuyeron y la explosión de mojigatería e ignorancia se va a pagar a largo plazo con más casos de cáncer uterino.

Señalaba hace un tiempo Moisés Wasserman, en El Malpensante, que lo grave de estos “antivaxxers” es que cuando se trata de grupos muy reducidos (pequeñas comunidades religiosas o de naturistas) el “efecto rebaño” todavía consigue que la enfermedad no se propague. La inmunización es tan buena que tolera algunas “manzanas podridas” no vacunadas. Si el 95% de la población es inmune al sarampión, la propagación de una epidemia es muy improbable en el pequeño porcentaje de las personas expuestas. Pero si hay un grupo creciente de niños y jóvenes no vacunados, y además estos entran en contacto (por viajes o inmigración) con poblaciones donde las vacunas se aplican con menos rigor, el riesgo es muy grande. Y es grande para todos, pues algunas vacunas van atenuando su efecto con el paso de los años. Un niño con difteria puede contagiar a los sesentones que se vacunaron hace decenios.

Al parecer uno de cada 750 mil vacunados contra la poliomielitis muestran efectos secundarios nocivos. En cifras tan irrisorias como esta se basan quienes detestan los “horrores de la modernidad” para elaborar sus teorías de conspiración de la nociva medicina occidental dedicada al “negocio” de vacunar. Ojalá no haga falta una epidemia para convencerlos de su estupidez.

You Might Also Like

  • mcjaramillo 07/06/2015 at 1:01 pm

    No con una epidemia se convencerían esos estúpidos fanáticos. El fanatismo no se cura así como así.