Columnas

Lo que se hereda y se hurta

13/04/2014
Heritage

Imagen por “Asiulus”.
Tomada de aquí: http://asiulus.deviantart.com/

Es curioso que uno sienta orgullo, o vergüenza, por los padres o los abuelos, o en general por la gente de la familia. En casi todas las lenguas la expresión “hijo de puta”, es un insulto atroz. Pero si uno se enfrenta al hecho real y concreto de alguien, digamos una niña, que efectivamente fue concebida en un burdel y nació de una prostituta, ¿tenemos algún derecho a pensar mal de esa niña? Si nadie tiene la culpa, ni el mérito, de ser hijo de un héroe, o de un ladrón, o de una santa, o de una puta, ¿por qué le damos tanta importancia al oficio o al comportamiento de los progenitores de cada cual? ¿Por qué los suegros potenciales preguntan “qué hace tu papá”? Puede ser por la plata, pero no creo que sea la única razón.

Mi padre y mi madre, así como mis abuelos, tienen, en general, buena fama. No falta el hijueputa (perdón, se me escapó) que diga que mi padre era un peligroso comunista aliado de la guerrilla, ni falta el malnacido (lo siento, uno es hijo de su cultura) que diga que mi madre es una sucia capitalista explotadora. Pero en general mis hermanas y yo hemos tenido la suerte en la vida de empezar cualquier relación con la ventaja de la buena reputación de los padres. Me imagino que en general las personas creen en la buena crianza, o en los buenos genes, y por eso ser hijo de alguien (ser hidalgo) es algo que conviene. Pero insisto: no es ningún mérito haber nacido de buenas personas: es solo buena suerte.

Lo que me intriga y duele más es lo contrario: la mala reputación con la que tienen que cargar los hijos de putas reales, o de asesinos, o de mafiosos. Recuerdo una novia que tuve cuando estudiaba medicina en Bogotá. Ella iba en bus a la Javeriana, igual que yo. Vivía en una casa de clase media por Teusaquillo, en condiciones parecidas a las que vivíamos casi todos los demás. Pero un día esta muchacha llegó a la universidad en un carro Audi último modelo y poco después se fue a vivir en un pent-house fastuoso en Rosales. Tanto el carro como el apartamento eran regalos que le había hecho el padre separado a su madre. Una noche de amor, después del ajetreo típico -feroz y feliz- de los años juveniles, lloviendo lágrimas sobre la almohada, ella me confesó que su padre se había metido en la mafia de la cocaína. Que estaba transportando droga a la Florida.

Díganme los expertos en ética y moral si esa muchacha de 18 años debía abandonar la casa de su madre; si debía repudiar para siempre a su padre; si estaba obligada a encarar el heroísmo de enfrentarse a él, dejarle de hablar, e irse a vivir sola. ¿Y yo debí abandonarla? Lo que quiero plantear es hasta qué punto hereda uno las faltas de sus parientes más cercanos y queridos. Hasta qué punto los oprobios de un padre recaen sobre nuestras espaldas. Y no solo los oprobios: también los buenos actos. Yo muchas veces me he sentido un impostor al percibir que alguien me quiere no por lo que soy sino por las bondades y heroísmos de mi padre. ¿Si uno no tiene por qué cargar con las maldades de sus parientes, por qué nos aprovechamos con tanta tranquilidad de sus aciertos? ¿Qué se hereda y qué se hurta, en ambos casos?

Hace unos años, en SoHo, el hijo de José Obdulio Gaviria escribió en una gran crónica lo que había sufrido por ser pariente de Pablo Escobar. Si no estoy mal, estaba escribiendo también -sin decirlo- sobre lo que era ser hijo de José Obdulio, para bien o para mal. Mucha gente se cambia el apellido de los padres, por vergüenza. Otros no lo usan, por pudor, para no aprovecharse. ¿Cuánto hay de prejuicio y cuánto de buen juicio al juzgar a la gente por sus parientes? Nadie está condenado a repetir la maldad (ni la bondad) de sus ancestros. Este es, al menos, el pensamiento compasivo, jurídico y moral. Y sin embargo, si es común que los hijos de músicos tengan buen oído, y los de matemáticos mente aritmética, ¿no habrá alguna inclinación genética (o de crianza o de ambas) a la bondad o a la maldad? De verdad no lo sé.

 

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  • Angeles Mastretta 13/04/2014 at 6:47 pm

    Querido Héctor: Sin duda tú eres hijo de dos muy buenas personas. Y, la verdad, yo también. Lo de que los genes te hacen bueno o malo me lo pregunto como tú, Pero creo y se oye como de mi mamá, que el ejemplo y el aire bajo el que uno vive, cuentan mucho. Mil besos. A

  • Alfonso 13/04/2014 at 8:03 pm

    El apellido es la síntesis que por norma se lleva para mostrar a los demás su pertenencia a una clase social, un tipo de titulo de nobleza o servidumbre que garantiza de forma inmediata las experiencias de vida de un individuo. Actualmente hay algunos apellidos que de inmediato identifican a un personaje como víctima o beneficiario de una cadena de estatus (no voy a poner ejemplos que puedan lastimar sentimientos o alimentar egos), como también hay algunos que se han perdido durante su camino de su cadena de pureza, aquellos que ocupan bastantes paginas de el directorio, aquí me atrevo a poner ejemplos que únicamente inician con R: Rodriguez, Ramirez, Rincon, etc… (vaya uno a saber porque se reprodujeron tan rápido y por todas las clases sociales, una pequeña hipótesis: infidelidad de arriba a abajo y si se podía por los lados)

    Si no fuéramos tan domesticados, tan mecánicos, tan poco razonables, me gustaría decir que cada individuo es un actor que ELIGE el grupo de experiencias de vida que se obtienen primero por obligación y segundo, en los años en que los seres humanos estamos más dispuestos a interiorizar con extrema faciidad los hábitos y prácticas familiares, sin evaluar los aprendizajes como buenos o malos. tristemente no es así, debo opinar que muchos no conocemos el significado amplio de la palabra libertad, de elegir lo bueno y lo malo por medio de un análisis individual y necesariamente en clave a la convivencia y tolerancia. Defendemos las ideas y las tradiciones impuestas por cada una de nuestras familias sin saber que como dice Hector Abad, pertenecer a nuestras familias fue un acto de suerte y azar. Por está razón reconozcamos que cosas son nuestras sin esfuerzo propio e identifiquemonos con nuestros propios logros, estos son los que debemos mostrar. No nos cacemos con las historias familiares, con los destinos impuestos, demosle el valor que se merece a la palabra libertad.

  • Bunker 13/04/2014 at 8:23 pm

    Qué bueno que llegues a plataforma Web y al Blog.
    ¡Ay! de los i de puta. No existe un termino que abarque más y fistintos asuntos que este.

  • LauraMH 14/04/2014 at 2:25 am

    Es la primera vez que me atrevo a comentar algo de tus sesudas reflexiones. Admiro bastante tu trabajo.
    Considero, sin embargo, que hay que hacer varias salvedades: Como señalas, hay una relación entre el ambiente y los genes para producir diferentes características “psicológicas”, desde la inteligencia, hasta la agresividad. Sin embargo, considero que ser parte o no ser parte de los oprobios o méritos familiares no depende sólo de eso (al menos no en Colombia), ya que hay momentos de la historia en los que familias completas se entregan a los actos ilícitos y luego niegan su participación señalando que simplemente han sido “manchados” con la “desgracia” del mismo apellido. Aunque está bien presumir la inocencia de un individuo, por supuesto, las circunstancias variarán: en el caso de la novia que describes, claramente ella aunque se benefició de manera indirecta de las actividades de su padre, también es claro que no era parte del negocio. Mientras que en otros casos, cuando sabes a las claras lo que tu familia hace, la apoyas, favoreces su “negocio” y entre otras, comienzas a participar del mismo obteniendo diferentes “beneficios” seguramente la cosa cambia.
    No creo que haya que juzgar a las personas por sus antepasados, sin embargo, creo que en un país de delfines, hay que fijarse en las familias, pues de acuerdo con sus genes y su educación, podremos en algunos casos extraer conclusiones respecto a su potencial comportamiento.

    Aclaro, por supuesto, esta es mi opinión.

  • Sebastián Virgili 14/04/2014 at 12:24 pm

    Estimado Héctor, el genotipo y el fenotipo son un misterio hasta para los biólogos y los psicólogos. Lo que podemos asegurar es que de la mezcla de todo eso surge lo que somos. El componente cultural es de gran importancia… Y de todas formas, todos tenemos uno -o varios- armarios encima, cosa que también se va transmitiendo geno y fenotípicamente.
    Coincido plenamente con tu parecer, somos individuos más allá de lo que hayan hecho nuestros padres, para bien o mal. Somo hijos de la cultura, más allá que ella, en ciertos momentos, no nos represente… para bien o mal también, heredamos y hurtamos.

  • Isabel Madera 17/04/2014 at 10:06 pm

    Tal vez no nací en una familia de re nombre en el lugar de donde procedo, pero sin duda doy gracias a Dios por lo que me han enseñado. Considero que en esta sociedad lo que debería importar es lo que resulta de nosotros después del proceso de formación, que a fin y al cabo nuestras obras nos definirán.