Columnas

Los istmos y las islas sin impuestos

10/04/2016

Hoy debo escoger entre un tema feliz, celebrar que la Corte haya aprobado el matrimonio gay, y un tema triste y rabioso: las cuentas y las compañías de papel que los más poderosos y los más ricos del mundo abren en paraísos fiscales para no pagar impuestos o para hacer negocios legales o ilegales.

El tema del matrimonio igualitario se volvió viejo de repente: solo los cavernícolas, el procurador y algunos ayatolas todavía consideran que algo tan obvio, tan sano, puede ser moralmente dañino o indeseable. Me pareció una discusión vieja, no ya de hace ocho días, sino del siglo pasado. Un tema ya resuelto sobre el que ni siquiera vale la pena insistir porque discutir con quienes todavía creen en que es poco ético que dos hombres o dos mujeres se casen, sería como discutir con quienes están a favor de la tortura, o con quienes piensan que la tierra no es redonda o que los hombres nunca llegaron a la luna o que la píldora anticonceptiva es una indecencia. Pura pérdida de tiempo.

Así que queda el otro tema, el molesto, el de los paraísos fiscales. Es molesto, ante todo, porque revela (al menos en mí) una desagradable disonancia cognitiva. La disonancia cognitiva es uno de los conceptos más interesantes de la psicología contemporánea, y se presenta cuando una experiencia entra en conflicto con nuestras creencias más arraigadas. Pongo un ejemplo: un padre muy conservador, que siempre ha repudiado a los homosexuales y la sola idea de que alguien lo sea, descubre que su hijo más amado es gay. Como no es capaz de dejar de querer a su hijo, ni de considerarlo malo éticamente, acomoda o cambia sus creencias anteriores. O no lo hace, condena a su hijo amado, y sufre las consecuencias internas de dolor que esto genera.

En el caso de los paraísos fiscales ocurrió en mí una clara disonancia cognitiva: mientras quienes aparecían en los “Panamá Papers” me resultaban odiosos, antipáticos o indiferentes, mi afianzada convicción de que los paraísos fiscales son un fraude inaceptable, una trampa mundial que no debería existir y que debería castigarse con furia, estaba confirmada. Mientras en la lista salía gente despreciable como Putin, el hijo de un esmeraldero, el concuñado sucio de un político arrogante, el hijo de un paramilitar, el guardaespaldas de Chávez, un futbolista que me importa un pepino, o un regordete primer ministro de Islandia, todo estaba bien en mi mente. Pero cuando empezaron a salir nombres de amigos o de gente que respeto (Vargas Llosa, Almodóvar, Humberto de la Calle) de inmediato la disonancia cognitiva dentro de mí empezó a hacer ruido, a hacer corto circuito, a buscar excepciones y disculpas.

Si una parte de mi mente hurgaba con saña en la herida de unos, ¿por qué otra parte de mi mente trataba de disculpar a quienes, al menos en principio, habían cometido el mismo delito? ¿Al fin qué? O es A o es no-A, pero no puede ser A y no-A al mismo tiempo. Que un odiado político borracho mate a un niño con el carro es igual de repudiable a que nuestro hijo borracho mate a un niño con el carro. Pero todos (o casi) tendemos a encontrar alguna buena disculpa para el hijo. Y tendemos a pensar que no es lo mismo que un mafioso abra una cuenta off-shore a que lo haga un amigo o alguien que creemos incapaz de hacer algo ilegal.

No nos digamos mentiras: las cuentas en Panamá o las compañías en las Islas Vírgenes, en el 90% de los casos, se hacen para evadir impuestos y para esconder recursos al fisco. Recursos ganados con cocaína, con el sudor de la frente, con la ruleta o con las neuronas. Los paraísos fiscales son agujeros negros que atraen de un modo irresistible la plata de los más ricos. Y habría que acabar con ellos, prohibirlos, destruirlos, si queremos un mundo más legal y menos injusto. La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero. Y en el 90% de los casos esas cuentas o compañías se hacen para esconder la plata. Sí, qué triste, incluso en el caso de nuestros amigos.

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  • Pedro 11/04/2016 at 3:00 am

    Estimado Héctor,
    Leo esta publicación suya con una sonrisa agridulce; Con pesar por lo poco y nada de sorpresa que esto causó en mi país, y sobre todo por mis propias disonancias cognitivas, bastante esquivas a la inflexibilidad. Muchas gracias por los conceptos y sentires que nos ha compartido en el Cedla, Amsterdam. Éxito con su obra actual!! Saludos!!

  • Bernardo Gomez 11/04/2016 at 2:26 pm

    Maestro Abad,
    Leo con mucho interés su columna dominical de opinión. Entiendo que usted tiene todo el derecho editorial de expresarse. Como su lector, escribo para llamarle la atención sobre una declaración relacionada con los “Panama Papers” que no está basada en la realidad: “… en la lista salía gente despreciable como Putin..”. En verdad, el nombre del señor Putin no aparece en ningún documento. Es decir que él no está vinculado con empresas fantasmas. Me preocupa que usted, en su columna, está haciendo eco de la histeria de la prensa occidental sobre el presidente de Rusia. Como muchos se dieron cuenta, la prensa occidental ilustró la noticia con fotos de Putin antes de que aparecieran datos sobre David Cameron.
    Lo cómico de esta situación es que después de que no se encontró evidencia para implicar al señor Putin, algunos organismos de expertos (think tanks) en Estados Unidos están asegurando que Putin está detrás del robo y difusión de los ”
    Panama Papers”. Incluyo el enlace al Brookings Institute: http://www.brookings.edu/blogs/order-from-chaos/posts/2016/04/07-panama-papers-putin-gaddy . En resumen, la histeria continúa.