Columnas

Las ganas de morder

29/06/2014

colombians celebrate

El mordisco de Luis Suárez a Giorgio Chiellini va a recordarse más que muchos de los goles de este mundial, aunque quizá no tanto como el cabezazo que Zinedine Zidane le propinó en el pecho a Marco Materazzi. Aunque podría decirse que los italianos son expertos en exasperar a sus contrincantes con insultos y pequeñas faltas invisibles, en el caso de Zidane había algo que lo hacía comprensible: un caballero, en el último partido que jugaría en su vida profesional, perdió la paciencia en el peor momento: el alargue en la final de un mundial de fútbol que iba empatado y terminaría en los penaltis. Como se supo después, Materazzi lo había jalado por la camiseta en el área, y Zidane le había dicho, elegantemente, que si la quería se la regalaba al final del partido, a lo cual Materazzi respondió que él prefería “a la puta de su hermana”. Zidane debía ser sancionado, claro está, pero al saber la historia completa la comprensión por su gesto aumentó, y hay quienes piensan que el cabezazo a Materazzi debería haber sido más duro.

En el caso del piraña Suárez, en cambio, no sabemos los detalles previos. Su gesto pareció venir de la nada, o mejor, (en vista de que hay varios precedentes de mordiscos en su caso) de un pozo oscuro de su alma que lo ha llevado a repetir la mordida en varias ocasiones, y que hace pensar que en vez de jugar con canilleras debería llevar bozal. El mordisco humano, para mí, tiene algo de íntimo, de erótico, alejado de la dentellada del perro, del tiburón o del tigre. Sin embargo, en Suárez, parece ser una reacción irresistible que comete cuando está exasperado. Zidane era un caballero que perdió los estribos -humanamente- cuando no debía perderlos; Suárez, un mordelón que se repite.

Si uno sigue el fútbol con atención (tanto los partidos como los comentarios de los legos y de los expertos sobre cada juego) puede aprender mucho sobre el comportamiento humano, sobre la psicología de los jugadores y de los periodistas que analizan lo que pasa. Cuando Colombia jugó con Costa de Marfil, cada persona pensó y dijo cosas muy distintas durante el himno del equipo africano, mientras el centrocampista Sarey Die lloraba desconsoladamente ante las cámaras y ante cientos de millones de personas en todo el mundo. Es raro que un hombre llore así, incluso después de una tragedia, y más raro que lo haga antes de un simple juego. Tengo una amiga, sin embargo, que dice exactamente lo contrario: que solo el fútbol hace llorar a los hombres así. Menos raro fue ver que se inventaran una historia para explicar el llanto (la muerte del padre del jugador dos horas antes) y que luego el mismo Die aclarara la verdad: que su padre había muerto en el 2004 y que lo cierto era que lloraba de la emoción de jugar un mundial por su país.

La gente más ecuánime pierde el equilibrio comentando el fútbol. Se calla el juez para que hable el hincha. Hasta el presidente de Uruguay, Mujica, que suele decir cosas sensatas, salió a decir una tontería para defender el mordisco de Suárez: que ellos no habían escogido al jugador para ir al Mundial por sus buenos modales. Y después de la sanción, el caso ha dejado de ser deportivo y se ha vuelto político: la Fifa contra el pueblo de Uruguay. Los italianos no dijeron menos bobadas al ser eliminados. Según una periodista de La Stampa de Turín, Italia no fue derrotada por Uruguay y Costa Rica, sino por los vampiros que les mordieron el cuello. Pero la palma en cuanto a comentarios idiotas se la llevó un periodista de El Mundo de Madrid, quien dijo que a España, Inglaterra e Italia no las eliminaron por jugar mal, sino por el clima de la zona tórrida, que solo lo aguantan los negros. Como si Alemania y Holanda hubieran jugado en Berlín y no en el trópico, y como si los equipos africanos no hubieran sido eliminados en Brasil.

No sé si Colombia haya ganado o perdido con Uruguay este sábado. Lo que sí sé es que jugamos en igualdad de condiciones: ellos sin Suárez y nosotros sin Falcao.

 

 

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  • Joxepaximur 29/06/2014 at 3:26 pm

    Creo que el caso Suárez es el de un enfermo. No es normal morder, pienso que se debe de tratar por un psiquiatra.