Columnas

La calle y la libertad

05/06/2016

 

Calle 1

Con la intervención y el desalojo del Bronx he leído y oído muchas tesis que me parecen bastante discutibles. Por ejemplo una defensa, aparentemente libertaria, de “la vida en la calle” como una opción de vida legítima que debe respetarse. No creo que la opción de vivir en la calle sea una de las libertades fundamentales. Si el estado no suministra dormitorios suficientes para todos, hay que aceptar que dormir en la calle es para muchos la última y única opción. Pero si se ofrece un sitio digno y gratuito, debería dejar de estar permitido dormir en la calle.

La calle es el espacio público por antonomasia, sin duda. Al ser un lugar sin dueño, o mejor, de todos, uno podría suponer que es un espacio que puede usarse con mucha libertad. Pero ¿esto significa que uno puede hacer lo que le dé la gana en la calle? Precisamente por ser un espacio público los límites de su uso tendrían que ser más rígidos que los que tienen los espacios privados. Nadie se opone a que uno camine por la calle. No creo que haya problema en que alguien cante o silbe o converse por la calle. Sin embargo, ¿se puede cantar o silbar o conversar a cualquier hora y a cualquier volumen?

Las normas se complican. Ya no se puede fumar en espacios cerrados abiertos al público, pero ¿está bien que esté permitido fumar tabaco en la calle? ¿Y consumir alcohol? ¿Debería estar permitido orinar o defecar en la calle? ¿Cocinar en la calle? ¿Copular en la calle? ¿Dormir? ¿Fumar bazuco o marihuana en la calle? ¿Vender chécheres o comida donde sea?

Supongo que la situación social de cada país, y los servicios que ofrece, hace más difícil proponer que se cumplan las normas. Si no hay orinales ni sanitarios públicos gratuitos, y miles de personas viven en la calle, ¿cómo hacer cumplir la regla de que la gente no orine contra un poste? Si uno llega a Calcuta por la noche, ve que todas las aceras están inundadas de miles y miles de personas durmiendo ahí. ¿De qué sirve prohibir dormir en la calle en una ciudad que no ofrece casas o al menos un techo con litera para todos sus habitantes? Si no se les ofrece dónde pasar la noche, quienes no pueden o no quieren tener casa, deberían tener derecho a dormir a la intemperie. Pero si se les ofrece un sitio para dormir, ¿también se debe permitir que sigan durmiendo en el espacio de todos? Y si hay sanitarios y orinales públicos, ¿sigue siendo bacano dejar que la gente haga en la calle sus necesidades?

En Colombia hay cierto populismo aparentemente ligero, abierto y generoso, según el cual se prohíbe prohibir. Nos parece normal que en los campus de las universidades públicas, por ejemplo, los estudiantes se emborrachen y consuman drogas en los “aeropuertos”. O que allá mismo ciertas mafias internas puedan vender películas, música, software y libros piratas. Es más, consideran esto último como una forma de expropiación proletaria, como si quienes se lucran de esta piratería no tuvieran un puro negocio que combina capitalismo e ilegalidad. Si fuera revolucionario de verdad, tendría que ser gratis y no para beneficio del pirata.

Sé que puede sonar represivo, pero no me parece bien que en las calles muy concurridas se pueda fumar tabaco. Estorba, contamina, es dañino para los demás. Estoy de acuerdo con la libertad de drogarse sin intromisión del Estado, pero en la casa, no a la vista de niños o adolescentes que se eduquen en la idea de que ese consumo es algo corriente y recomendable. ¿Y la mendicidad, y las ventas ambulantes? No creo que se puedan prohibir los mendigos, pero sí los mendigos con niños. Los niños usados en la mendicidad deben ser acogidos en centros de asistencia.

Y ya que hablamos de niños, lo del Bronx fue, entre otras cosas, un operativo para salvar de la esclavitud sexual a centenares de niños. Esto era un secuestro y un abuso colectivo. No entiendo cómo hay gente que se opone a esa liberación. Otros dicen: liberar a los niños sí, pero dejar tranquilos a los “habitantes de calle”. No me convence.

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  • José M. Ruiz P. 05/06/2016 at 8:13 am

    Comparto muchos de tus puntos de vista; casi todos. Ocurre que si de prohibiciones que faltan hablamos, la del tabaco en sitios públicos es discutible, porque si a eso vamos, habría de prohibirse el tránsito automotor a base de ACPM, Etanol y Gasolina; con humos tanto o más contaminantes que el humo del tabaco. De dos males el menor, dirá el que prohíbe: Son más pocos los que fuman que los que tienen autos y los autos, cuando son vehículos utilitarios, compensan el daño causado; dirán. Claro que obvian olímpicamente los combustibles limpios y no los han dejado utilizar, ni siquiera desarrollar.
    Casi todas las demás prohibiciones rayan contra el libre albedrío y el libre desarrollo de la personalidad, aunque en algunas prima el interés general sobre el particular.
    Aquí lo básico y fundamental es la EDUCACIÓN, pero orientada a formar ciudadanos, no a generar mano de obra barata para el Capital y borregos consumistas.