Columnas Quitapesares

Ferrante Pallavicino

19/09/2012

Ferrante-P.-Retrato-150x150

Alguna vez un ironista sostuvo que si alguien quería construirse una buena biblioteca personal, debería conseguirse, ante todo, el Index Librorum Prohibitorum, en una buena edición, e ir comprando uno por uno todos los libros prohibidos por la Iglesia Católica (la última edición es de 1968, pero las mejores son las del siglo XVIII o XIX). Están los obvios: Hume, Darwin, Voltaire, Diderot, Sade, pero también algunos escritores secretos e inesperados.

Hoguera

Fue hojeando las muy eruditas páginas de una edición del Index (la de 1819, cuyo frontispicio aquí reproduzco) como llegué al nombre y a las obras de un bastante olvidado satírico italiano: Ferrante Pallavicino (nacido en Piacenza en 1615). Desde entonces, cada vez que camino por alguna ciudad italiana, cuando me encuentro con una librería anticuaria, entro y pregunto si tienen alguna de las obras de Ferrante Pallavicino. Hay muy pocas ediciones modernas de sus obras y debo decir que todavía no he podido siquiera tener en mis manos todas las novelas censuradas por el Index (1). Doy algunos títulos: Il Corriero svaligiato (“The Post-boy Robbed of his Bag”); La Retorica delle puttane (“The Rhetoric of Whores”); Il Divortio celeste (“The Celestial Divorce”); Il principe ermafrodito (The Hermafrodit Prince). ¿Habrán desaparecido, aunque fueran muy populares en su época? ¿Las habrán quemado? ¿Estarán tan sólo en las salas prohibidas de la Biblioteca Vaticana? Pero una que otra sí que he encontrado, poco a poco, y quizá algún día yo pueda escribir un ensayo serio, o una novela, sobre la vida y las obras de Ferrante. De las que he encontrado en mis amenas pesquisas reproduzco aquí la primera página de un Elzevir, falsamente fechado en Villa Franca, pero en realidad impreso en Amsterdam en 1673.

Libro Ferrante P.

Alguna vez dijo Heine: “Se empieza quemando libros y se termina por quemar seres humanos”. Freud, más optimista, dijo en Viena, cuando los nazis quemaron sus trabajos en la Babelplatz de Berlín: “Estamos progresando: queman mis libros; antes me hubieran quemado a mí.” Pocos años pasaron antes de que Freud tuviera que huir a Inglaterra, para evitar ser quemado en las cámaras donde fueron gaseadas sus hermanas.

Pues bien, los libros de Ferrante Pallavicino no sólo merecieron la hoguera simbólica del Index (obsérvese el hermoso y horrendo grabado de prelados quemando libros que aparece en el frontispicio de sus ediciones de los siglos XVII y XVIII), sino la hoguera real. Pero no sólo sus libros, también la persona. Ferrante Pallavicino, por sus escritos impíos y blasfemos, fue decapitado por orden del Papa, en Avignon, en 1644, cuando le faltaban pocos días para cumplir 29 años. Por eso lo he escogido como mi héroe de la libertad de expresión: porque siguió escribiendo aunque estuviera amenazado, y porque ironizó sobre las guerras del Papa Urbano VIII, emprendidas para ampliar las posesiones de su propia familia, los Berberini.

¿Podré ser optimista otra vez, como Freud, y pensar que hoy en día se queman libros, pero no seres humanos por las ideas expresadas en sus libros? Hace pocos años, en Irán, fue recogido y prohibido el libro de Gabriel García Márquez, Memoria de mis putas tristes. García Márquez no fue encarcelado ni castigado con una fatwa, es cierto, pero cabe preguntarse: ¿Le pasaría lo mismo si fuera iraní y viviera en Irán? Es de hoy (julio 22 del siglo XXI) la noticia de que el Ayatolá Alí Jamanei, máximo líder religioso de ese país, volvió a hablar públicamente sobre los “libros dañinos” que se deben prohibir:
http://www.guardian.co.uk/world/2011/jul/21/iran-supreme-leader-attacks-books .

(1) El ex librero Andrés Hoyos, dueño y fundador de la tristemente desaparecida Librería El Carnero de Bogotá, me demostró (al leer la versión en inglés de este artículo) que en la red se pueden encontrar muchas más ediciones de Pallavicino de lo que yo aquí digo, con lo cual ha arruinado, en buena medida, mi viejo vicio de paseante por las librerías anticuarias.

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