Columnas

El tupé de Trump y las trompadas

20/03/2016

Es así, Trump se abre paso a las trompadas, como su nombre lo indica, y como lo acaba de señalar el mismo Marco Rubio tras perder en su feudo, Florida: su manera de actuar, de hablar y, sobre todo, de mentir, favorecen la política del rencor e impiden hacer una campaña de propuestas. Trump enciende el resentimiento entre sus partidarios y también el odio vengativo entre sus adversarios. Con esto consigue lo que quiere: generar un ambiente de choque emotivo que lleva a todo el mundo a su propio terreno, el del insulto, al abandono de los argumentos, y a la caída en un pantanero donde nadie puede tener la razón porque todos gritan. Y es ahí donde ganan los acostumbrados a chillar, no a oír razones y datos, no a discutir ideas, sino a repetir consignas aprendidas de memoria y a mostrar los colmillos con frases iracundas, falsas y efectistas.

Cualquiera que tenga suficiente experiencia en las redes sociales sabe que este es el espíritu de los tiempos: un troll como Trump, que no podría meter baza en una tribuna bien informada, y sucumbiría allí por su pobreza argumentativa y por sus chistes flojos de cantina, tiene en cambio mucho juego en la caldera irracional donde prosperan los botafuegos, los biliosos que regurgitan frases populistas. Un negacionista burdo del calentamiento global como él, que se toma fotos cuando nieva para demostrar que no existe, sería abucheado en una reunión de expertos, pero recibe más likes y más retuits que los gráficos de un profesor de MIT. Y esos likes y esos tuits, traducidos en votos, significan poder. Poder de destrucción.

Con toda la arrogancia de la supremacía de los ricos y del hombre exitoso (en alguien que manipula las cifras de sus empresas para parecer más millonario de lo que es, y que oculta sus fracasos de empresario mediocre y fraudulento), con su discurso xenófobo que incita al odio religioso y racial, con sus delirios irresponsables sobre el comercio mundial y sobre los supuestos culpables de la “decadencia” americana (entre ellos un negro, para colmo extranjero), este neo político mezquino y oportunista ha sido justamente señalado por la revista The Economist como uno de los riesgos más graves para el futuro del planeta, al mismo nivel de un aumento indiscriminado y global del terrorismo de Isis.

Que en el país más poderoso del mundo una persona vulgar, violenta, desvergonzadamente machista, groseramente nacionalista y cínicamente mentirosa, tenga tanto éxito como para llevar a un insensato así a la candidatura republicana, nos dice mucho sobre el fácil riesgo de manipulación mediática de la angustia, los miedos y los sueños de enormes masas de ciudadanos ingenuos y mal informados. Un riesgo que se corre en Estados Unidos y con mayor razón aquí mismo, donde también campean los demagogos iracundos. Por momentos, aquí y allá, tienen más repercusión los incendiarios y los agitadores vociferantes que las voces que llaman a sopesar serenamente los hechos, lo posible y lo que en ciertas circunstancias es imposible prometer sin mentir. Al final, creo, también Estados Unidos se salvará del farsante, gracias a Hillary Clinton, pero todavía estamos expuestos a un gran susto que sería un desastre planetario.

Hay una novela que les recomiendo mucho, de Philiph Roth. Se llama La conjura contra América, y en ella un candidato pro-nazi, el aviador Lindberg, gana, en vez de Roosevelt, las elecciones en Estados Unidos. El mundo que heredamos tras la derrota de Hitler, sería otro: esa pesadilla imaginada genialmente por la literatura. El Trump de las trompadas se parecería mucho a este espanto, a este íncubo.

Pero fuera de Hillary Clinton, en este mundo frívolo de la mediocridad y la imagen, nuestra mayor esperanza está en el peluquero de Trump. A él, y a su copete con laca, a él y a su teñido rojizo demasiado falso para que todos se lo crean, a ese horrendo tupé, como a la nariz de Cleopatra o al bigotico ridículo de Hitler, le deberemos una vez más la salvación del mundo.

 

You Might Also Like

  • El Avatar 20/03/2016 at 3:21 pm

    Exactamente copiado a los que vivimos los colombianos por ocho infernales años con Alvaraco Furibe

  • Rosanna Gutierrez 20/03/2016 at 10:51 pm

    Don Hector. Yo aun no puedo creer como una sociedad como la norteamericana, mucho mas civilizada que la nuestra, pueda simpatizar con este señor que nada aporta, Saludos desde Barranquilla.

  • Samuel Whelpley 21/03/2016 at 6:24 pm

    Curiosamente, a mi el personaje de Trump me recuerda mas al senador Buzz Windrip de la obra de Sinclair Lewis, Eso no puede pasar aquí. Un demagogo que se presenta como defensor de los valores de la América profunda, prometiendo restaurar la grandeza y prosperidad de América, y deviene en dictador a la manera de Hitler. Espero que nos salvemos de este farsante.