Columnas

El sermón de la montaña

09/08/2015

 

"Sermón del Monte". Cosimo Rosselli, 1841.

“Sermón del Monte”. Cosimo Rosselli, 1841.

 

Una de las cosas que más me sorprenden y molestan de los cristianos es lo poco cristianos que son. Lo que Jesús enseñó en los Evangelios es muy difícil de cumplir y -a veces- para un cristiano no creyente como yo, de una bondad que limita con la ingenuidad. El precepto de “amar al prójimo”, por ejemplo, recibió de Amos Oz una crítica que me parece justa. Según el escritor israelí uno en la vida, si mucho, llega a amar a unas diez o veinte personas. Amar a todo el mundo, en cambio, le parece un propósito imposible de cumplir. Para Oz es suficiente respetarlos, tolerarlos.Pero es que algunos católicos que conozco (por ejemplo el funcionario que vive haciendo alarde de su catolicismo) no solo no aman a prójimo, sino que en sus actos demuestran un desprecio, una animadversión y una falta de caridad tan evidentes, que parece que hubieran invertido el precepto de Jesús: odian a sus semejantes y sencillamente quisieran exterminar a sus enemigos.

Lo mismo ocurre con el partido más representativo de la extrema derecha colombiana, que paradójicamente se hace llamar de centro. Cada rato los ve uno de meapilas arrodillados en misa, de ojos cerrados y de manitas juntas como santurrones, pero no hay ejemplos más claros de odio y desprecio por el prójimo que sus discursos. Es increíble cómo se les nota la sed de venganza, y la absoluta falta de compasión.

En estos días estuve leyendo el libro de otro gran escritor estadounidense, Kurt Vonnegut: A Man Without a Country (Un hombre sin patria). Ahí hay un capítulo que me impresionó mucho en el que dice lo siguiente: “Por algún motivo los cristianos más vociferantes entre nosotros no mencionan jamás las Bienaventuranzas. Sin embargo, a menudo con lágrimas en los ojos, piden que los Diez Mandamientos se pongan bien visibles en los edificios públicos. Y por supuesto ahí está Moisés, más que Jesús. Nunca he oído que ninguno de ellos pida que el Sermón de la Montaña, las Bienaventuranzas, se pongan en ningún sitio. ¿‘Bienaventurados los misericordiosos’ en un juzgado? ¿’Bienaventurados los pacíficos’ en el Pentágono? ¡No me hagan reír!”.

Y aquí, a veces, no llegamos siquiera a la ley de Moisés. Si uno se atreve a recordarles a ciertos personajes que el quinto mandamiento es claro y muy sencillo (“No matar”), ellos matizan y defienden la idea de que es mucho mejor un guerrillero muerto que un guerrillero preso, porque la cárcel le sale muy cara al Estado para mantener cucarachas. Esta deshumanización del enemigo es la treta perfecta para no pactar con él.

Inspirado por Vonnegut me fui a leer el Evangelio según San Mateo, Capítulo V, y de verdad me di cuenta de que ahí Jesús formula unas normas morales admirables, y que sin embargo la mayoría de los católicos poderosos ignoran: “Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” Y un poco más adelante: “Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente; yo, empero, os digo, que no hagáis resistencia al agravio; antes si alguno te hiriere en la mejilla derecha, vuelve también la otra. (…) Habrás oído que fue dicho: amarás a tu prójimo y tendrás odio a tu enemigo. Yo os digo más: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os persiguen y calumnian.”

Ahora que por la serie está tan de moda la Madre Laura conviene recordar que ella y su madre rezaban todas las noches por un tal Clímaco Uribe, de los Uribe de Salgar. Escribe la santa: “Cuando ya grandecita le pregunté dónde vivía ese señor que amábamos, por quien rezábamos cada día, me contestó: ‘Ese fue el que mató a su padre; debe amarlo porque es preciso amar a los enemigos’.” Antes de alabar tanto la venganza y denigrar tanto de la paz, sería bueno que el Procurador y Uribe releyeran el Sermón de la Montaña y la Autobiografía de la única santa colombiana.

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  • marta reyes 11/08/2015 at 2:21 am

    Su columna me recordo un libro que lei hace unos años, que cuestiona conceptos como el bien , la bondad y otros que se suponen deben ser inherentes unicamente a los cristianos. Valio la pena leerlo.
    Es una novela de Jill Paton Walsh, “Knowledge of Angels”.

  • LCC 18/08/2015 at 3:33 pm

    Muy Bueno. Le dejo un Editorial donde hablamos de algo similar. http://tmblr.co/Zmc8xl1mqLtV8 Saludos.