Columnas

El regalo del maestro

15/02/2015
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Retrato de Tomás Carrasquilla por Eladio Vélez.

El maestro nació en 1931 en un pueblo de tierra fría, Santa Rosa de Osos, el mismo de Porfirio Barba Jacob. El pueblo tenía un buen lice
o y un buen profesor de pintura; la pasión empezó ahí. Su taller, un quinto piso luminoso, recibe luz desde muchas ventanas, y todas las paredes están llenas de cuadros. Suyos, de sus maestros, de sus alumnos. Buenos, regulares, malos, magníficos, hay de todo. Se lee en la pintura el hilo de una historia, de un modo de pintar. En el caballete, un óleo empezado: retratos ajenos vueltos a pintar con precisión: Cano, Da Vinci, Giotto. Los mismos rostros pintados por antiguos maestros se encuentran en un lienzo. El cuadro a medio hacer habla de una filiación, de una largo rosario de “memes” (los genes culturales) que, quizá, terminan con él. Pintar así pasó de moda hace más de un siglo, y sin embargo…

Una de sus alumnas nos recibe. Sobre una mesa está la donación (el maestro nos ha citado porque quiere hacerle un regalo a la biblioteca donde trabajo). Pero antes de mirar lo que hay ahí (cartapacios apilados en un orden impecable), se nos ofrece una taza de café recién hecho, galletas en forma de dedos, magdalenas de queso. Incluso la merienda tiene un sabor antiguo. Son los mismos deditos de la infancia. El maestro empieza a hablar de su maestro, Eladio Vélez, y del supuesto antagonista de su maestro, Pedro Nel Gómez. Dos escuelas: el arte por el arte, la belleza y no más, y el arte al servicio de la política y de la denuncia.

Lo que el maestro quiere, precisamente, es hacernos un regalo que logre desmentir la “imbecilidad” (pide perdón por la palabra) de los críticos que los han querido pintar como enemigos. No hay tal, nos dice, y su donación lo demuestra. Hay, sí, una manera distinta de ver el arte, una larga discusión (artística, peleada con cariño a golpes de pincel) que partió de lo que ambos vieron -en Roma, y en los años 20- en un mismo retrato: el Papa Inocencio X, de Velázquez. Pedro Nel, la psicología del personaje; Vélez, las calidades del rojo.

El oficio de bibliotecario (alguien que guarda libros y papeles, documentos y manuscritos, cartas y dibujos, entre otras muchas cosas) tiene a veces momentos de una extraña belleza. Esta vez un maestro ofrece una donación, un regalo. Hay siempre en los regalos un misterio: el que dona algo a una biblioteca se parece a quien ama gratuitamente, sin esperar ser correspondido, como un acto de desprendimiento. Pero dice Dante en el V canto del Infierno: “Amor ch’a nullo amato amar perdona”, es decir, que el amor no consiente no amar a quien nos ama. Y el regalo del maestro no consiente no sentir una gran gratitud.

No se trata tan solo del valor comercial del regalo, que lo tiene (y muy grande), sino del gesto de la donación. Pero, ¿qué es? Hay cartas familiares: Eladio Vélez escribe al llegar a París en 1925, después de un duro viaje desde Barranquilla, pasando por todos los puertos holandeses de las Antillas, hasta Le Havre. Hay cartas en las que Pedro Nel, desde Florencia, le insiste al amigo para que vaya a Italia si quiere aprender a pintar nuestras montañas. Hay libretas, bocetos, acuarelas, dibujos académicos. Hay libros dedicados, catálogos del Salon de Paris en el que al fin Vélez (y otros colombianos) pudieron participar. Y hay más, mucho más. Los documentos más íntimos e importantes llegaron a sus manos por una historia novelesca: alguien sospecha que lo van a matar y prefiere dejar en sus manos el tesoro. Dos meses después, ese alguien es asesinado.

Se me acaba el espacio. Cada boceto, cada libro, cada cartapacio de manuscritos ha sido envuelto por el maestro con una delicadeza y un cuidado japoneses. La Sala Patrimonial de la Biblioteca de Eafit cuidará su donación como el tesoro que es. Debo decir su nombre, claro está. Es curioso; grandes pintores colombianos llevan el mismo apellido: Juan, Santiago, Hernán. El maestro se llama Jorge, Jorge Cárdenas. Y una última palabra lo define: generosidad.

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  • restrepoelkin 15/02/2015 at 1:07 pm

    El hijo del Maestro Eladio Vélez, mi compañero de la Fac. de Derecho Alejandro Vélez, fue asesinado vilmente por la Farc cuando era Juez en Argelia (Ant,). SEMANA, si mal no recuerdo, tituló el hecho como “La muerte de un santo”. En lugar de una magistratura en el Tribunal de Antioquia, Alejandro decidió irse allí a aplicar sus conocimientos de especialización en Derecho Penal hechos en Roma y su cercanía con la comunidad llegó a tal punto que repartía su sueldo entre la gente más pobre del pueblo. Por protestar una acción abusiva de la guerrilla, lo bajaron del bus en el que se dirigía a Medellín y allí mismo lo ejecutaron. Aprovecho que la crónica recuerde al padre para yo recordarlo a él y admirar por ahí derecho el gesto del Maestro Cárdenas..

  • Héctor Abad Faciolince 16/02/2015 at 2:14 am

    Muchas gracias, estimado Elkin, por tu valioso comentario. Yo creo que Alejandro Vélez merece un artículo aparte y quiero hacerlo. Por su valor, por su generosidad. No lo mencioné en este artículo (pero es él la persona aludida cuando hablo de un asesinato), pero haré otro sobre él y sobre la crueldad de las Farc. Gracias a su precaución no se perdió un legado muy importante del maestro Eladio Vélez.

  • Juan Carlos Vergara Gallego 16/02/2015 at 3:13 pm

    Visita imperdonable a la Sala Patrimonial de la Biblioteca. ¿Ya está a disposición del público?

    ¿La referencia correcta no sería Neerlandese en vez de holandeses?.
    http://lema.rae.es/drae/?val=holandes
    http://lema.rae.es/drae/?val=neerland%C3%A9s