Columnas

El matrimonio sin sexo

19/02/2017

goya

En la tradición católica el más famoso matrimonio sin sexo es el de José y María. En el colegio nos dieron dos versiones de la leyenda (o de la historia sagrada): la primera contaba que cuando la virgen de 14 años se casó con el carpintero, este era viudo y tenía ya 89 años. A una pareja tan dispareja la cópula le resultaba extraña, por no decir imposible. La otra versión decía que los dos eran jóvenes y vigorosos, pero que ambos habían hecho votos de seguir siendo vírgenes, de modo que tanto el padre como la madre de Jesús fueran puros. Así quedaba implícito que el sexo es siempre impuro, incluso dentro del matrimonio. En ambos casos, el viejo o el joven José queda atónito cuando su esposa resulta embarazada sin que él la haya siquiera rozado con la mano. Y si no es porque un ángel le explica durante el sueño la intervención del Espíritu Santo, habría repudiado a la doncella preñada.

Según una noticia de esta semana, casi la mitad de las parejas jóvenes japonesas (entre los 16 y los 49 años) conviven, comparten techo y futón, pero no se animan o no tienen ganas o han resuelto no tener sexo. Los motivos, o las disculpas, resultan curiosos y algo contradictorios: algunos atribuyen la inapetencia al cansancio por exceso de trabajo; otros, a la ansiedad que les genera estar desocupados. Unos más destacan el hecho de que el matrimonio blanco (es decir, en blanco) les quita la tensión de tener que responder, a ellos, o de que les duela, a ellas. Para los demógrafos japoneses, en todo caso, lo preocupante es que, de seguir la tendencia al aumento del celibato entre los jóvenes en edad fértil, en 40 años más el Japón no tendría los 127 millones de habitantes que tiene hoy, sino solo 89.

Si el Mesías fuera a nacer ahora de una pareja de vírgenes (según prescribe y espera aún la tradición judía), sería bastante probable que Dios escogiera las islas japonesas para nacer: la tasa de virginidad entre los solteros hombres que tienen entre 18 y 34 años, es del 42% y el de las mujeres de la misma edad, 44%. La población de jóvenes vírgenes de ambos sexos tiene tendencia creciente desde hace decenios. Y no solo en Japón: lo mismo ocurre en otros países desarrollados de Occidente.

El estudio ni se atreve a preguntarles a las parejas de mayores de 50 porque -supongo- los resultados serían aún más deprimentes. La definición de matrimonio sin sexo, en el estudio japonés, es el de las parejas que llevan más de un mes sin acostarse. Este lunes se cumple un mes desde que el presidente Trump se mudó a la Casa Blanca. En estas cuatro semanas su esposa aún no ha ido a pasar la noche en Washington ni un solo día, dedicada al oficio de baby-sitter del Trumpito en Nueva York. En términos japoneses, a partir del martes el matrimonio de Donald y Melania podrá ser definido como “sexless marriage”. El neo-presidente podrá alegar, como los japoneses, exceso de trabajo. Pero en realidad a una pareja tan amarga no es necesario hacerle ninguna encuesta: basta verles las caras para darse cuenta de que a ese par le falta la chispita de la vida. Así no es extraño que el presidente gringo descargue su mal genio contra los periodistas. Si al menos no se tiñera las canas podría declarar que ya cerró edad, con la sabiduría de los años.

Fuera del exceso de trabajo (o la falta de empleo) hay otros motivos que se aducen para explicar el aumento de matrimonios sin sexo. Uno es la adicción a teléfonos móviles, pantallas de computador, redes sociales, sexo virtual y sobredosis de pornografía. Esto, al parecer, conduce a la práctica desaforada del yo con yo, mejor conocida como masturbación. Si el número de tuits semanales supera al número de polvos de todo tipo (lo cual en el caso de Trump es más que probable), podría concluirse que los humanos contemporáneos, incluso dentro del matrimonio, estamos alcanzando el ideal monástico de los eremitas, que reemplazaban con obras y plegarias (ora et labora) los impuros impulsos de la carne.

You Might Also Like