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[En Órbita] Duelo y escritura

05/03/2014

 

Entrevistado por Santiago Rivas para el portal En Órbita.

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  • Tatiana 17/03/2014 at 5:47 pm

    Me encantas de la H a la e.

  • Gina Gabriela María Dary de Byrne 19/02/2015 at 3:45 pm

    Estoy verdaderamente asombrada. Si es cierto, como se dice, que hay siete personas iguales en el mundo, ¿también será cierto, entonces, que ciertas historias pueden repetirse, como las historias circulares de Borges? Yo, como Héctor, también perdí a mi padre, asesinado víctima de la violencia política, en 1981 (6 años antes de la muerte de su padre). De igual manera, mi padre fue catedrático universitario y para la época en que lo mataron era Rector Magnífico de la Universidad de San Carlos de Guatemala y un luchador incansable en pro de la vida y de la razón. No era médico, sino científico (químico biólogo e impulsor de la ecología y áreas protegidas en el país), pero como el Dr. Abad, se preocupaba de la salud de la gente a través del cuidado de las fuentes de agua y la sanidad ambiental (por ejemplo, desarrolló los sistemas de erradicación de la malaria que azotó en una época a este país tropical y fundó varios sitios para proteger la naturaleza de su destrucción, entre otras cosas). Se preocupaba por la pobreza de la gente y nunca tenía un centavo porque todo lo donaba o regalaba a los muchos ahijados que apadrinaba en todos los pueblitos en los que trabajaba y visitaba. De la misma manera, nos tocó recibir en nuestra casa a estudiantes extranjeros (que dormían en el cuarto de mis hermanos si eran varones o en mi cuarto o en el de mi hermana si eran mujeres). En fin…
    No encontramos en su bolsillo un poema, pero mientras se limpiaba su oficina en la rectoría de la universidad, sus secretarias encontraron una carta inconclusa, escrita de su puño y letra, dirigida a nosotros, a mi madre y sus hijos, en la que anunciaba su muerte (también estaba constantemente amenazado) y en la que, de cierta forma, se disculpaba por dejarse matar en pro de sus ideales. Tampoco había una lista de los “condenados” a muerte, pero si nos decía, cada vez que asesinaban a un intelectual del país (médicos, científico, literato…) en cuenta regresiva “ya quedamos solo…” y decía un número (5, 4, 3, …)
    El leer el libro de Héctor Abad “El olvido que seremos”, me hizo recordar nuestra propia historia y, como él, un día estuve “tentada” a escribir su historia para reivindicar su memoria y desmentir las mentiras con las que se trató de justificar este crimen (pero no soy escritora). Su libro me conmovió (no en forma “sensiblera”) hasta la médula, por la similitud de nuestra historia… Me encantaría conocerlo y compartir esas historias que se parecen tanto…