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Después del atentado

20/08/2017

 

 

Imagen tomada de: http//muroshablados.es

 

Entre las víctimas mortales o gravemente heridas del atentado de Barcelona hay hombres y mujeres de 34 nacionalidades. En la ciudad cosmopolita, abierta, de algún modo, los terroristas atacan al mundo entero, sin excluir -obviamente- a los musulmanes: hay kuwaitíes, turcos, marroquíes y pakistaníes entre los muertos y heridos. Cualquiera pensará que si escribo este nombre, Aboubakr El Hamzaoui, con los prejuicios que todos tenemos, me estaré refiriendo a un islamista fanático del grupo de los terroristas de Barcelona. No, Aboubakr es un niño de seis años, marroquí, que se debate entre la vida y la muerte en un hospital, tras ser atropellado por los asesinos de Las Ramblas.

Mis dos hijos hicieron la universidad en Barcelona y tengo con la capital catalana una vieja relación de cercanía y cariño. Los grandes grupos editoriales de España -hoy globales- tienen sede allí, y en la Casa de América de Cataluña y en la Librería Altaír (otros dos ejemplos de apertura al mundo entero) he presentado varias veces mis libros. Cuando uno se entera de una noticia así, cuando uno ve derramar sangre a la ciudad querida, el primer impulso consiste en escribirles a los amigos, cerciorarse de que están a salvo, dedicados como siempre al pensamiento, al arte o a los libros. ¿Estarán bien el poeta Joan Margarit, los novelistas Javier Cercas y Enrique Vila-Matas, los editores Pere Sureda y Elena Ramírez, el gran compositor Joan Manuel Serrat, el fotógrafo Pepe Navarro, la lectora Anita Acosta, el humanista Manel Vila, el incansable Antoni Travería o mi paisana Cristina Osorno? Uno quiere pensar que en una ciudad tan grande es poco probable que la tragedia los haya tocado, pero ya me pasó (en el atentado de Charlie Hebdo) que un amigo cayera malherido.

Están bien. Agosto suele ser un mes de lejanía y vacaciones para los locales, así que el terrorismo se ensañó con visitantes y turistas, más que con catalanes. Pero todo el que estuviera en Las Ramblas este jueves era también barcelonés a su manera: por adopción, por simpatía, por el mismo deseo de estar en esa bella ciudad abierta al mundo.

La reacción del estado español y del gobierno catalán ha sido la adecuada. También la de los ciudadanos en grandes manifestaciones de resistencia: “¡No tenemos miedo!”. Europa no puede sucumbir a la narrativa ni a la retórica del miedo, que es la de los fanáticos religiosos que cometen los atentados y la de los gobiernos que, como el de Trump, pretenden imponer la lógica del odio y el chauvinismo, en vez de la lógica serena de la resistencia. Europa, pese a los atentados que ha sufrido en los últimos años, sigue siendo uno de los lugares más seguros, democráticos e igualitarios de la tierra. Aun sumando todos los fallecidos a causa del terrorismo, los índices de homicidios de Europa son de los más bajos del mundo. Esa estadística no va a consolar, por supuesto, a las víctimas, pero sí debe importarles a los estadistas. Pese al fanatismo de unos pocos, Barcelona y Europa son seguras.

La tentación de actuar con ira, de cerrarse al mundo, de convertir en fanáticos a todos los nacionales de ciertos países o a todos los practicantes de cierta religión, sería una manera de volverse parecidos a la misma ideología y a la misma intolerancia que predican y practican los terroristas. Occidente no puede parecerse a ellos al combatirlos, sino seguir siendo siempre lo que sus viejos ideales le indican que debe ser. Cuanta más libertad e igualdad se practique con las mujeres, cuanto más se toleren y respeten las ideas distintas, cuanto más se cuiden los métodos pacíficos de disuasión democrática, cuando menos se apele a la violencia insensata, más desanimados se sentirán los que creen que van a poder cambiar estos valores atacándolos con el miedo, la sangre y el terror. Estamos con Barcelona, con esa Barcelona abierta, cosmopolita, alegre, que no va a ceder ni al autoritarismo ni a la paranoia.

 

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  • Juan F. Echeverri C. 20/08/2017 at 10:01 am

    ¿Qué piensan los mamertos?

  • Neus 31/08/2017 at 7:46 am

    Gracias por el recuerdo, desde esa Barcelona donde, como escribió el poeta Margarit, “las calles me amparan desde dentro”.