Columnas

Del suelo al cielo

09/10/2016

paz

El domingo nos caímos al suelo con una derrota mínima pero apabullante; el lunes nos despertó el grito del partido de Uribe exigiendo la renuncia del Presidente; el martes tratábamos de salvarnos de la depresión con la ironía; el miércoles los ex presidentes fueron a hablar con Santos y no supieron explicar qué era lo que querían; el jueves se iluminó un poco el panorama con el candor con que el gerente de la campaña del No nos reveló las sucias estrategias electorales del Centro Democrático; y el viernes volvimos a subir al cielo con la jugada maestra de los noruegos: le daban a Juan Manuel Santos el Premio Nobel de la Paz para devolverle los ánimos y la esperanza a un país atónito y desanimado.

No hay mal que por bien no venga. Si hubiera ganado el Sí el domingo pasado, lo más probable es que el Nobel se lo hubieran dado también a las Farc. Tal vez Timochenko se lo mereciera por lo que han cambiado las Farc en los últimos cuatro años, pero para el país habría sido muy desagradable ver recibir esa medalla a los responsables de miles de secuestros y miles de mutilados. No hubiera sido grato ver a Timochenko recibir un honor tan grande. La derrota, en cambio, se convierte en una victoria para el presidente que ha buscado con más convicción, con más inteligencia y con el mejor equipo negociador, la paz con la guerrilla. Una especie de justicia histórica hizo que el premio le fuera concedido a él solo. Y el presidente demostró que se merecía esta reivindicación al decir que el premio y el dinero, más que para él, son para las víctimas.

La campaña del No (su mismo gerente, Vélez Uribe, nos lo ha revelado con una candidez que siempre le vamos a agradecer) se basó en buena medida en alimentar el desprestigio y el descrédito de Santos: vallas gigantescas en las que se hacía el montaje de la supuesta evolución castro-chavista: de Castro a Chávez, a Maduro, a Timochenko, a Santos, como la culminación de esa estrategia “de los comunistas”. Repartieron por todos los rincones afiches de “No más Santos”. Se burlaron del “gago que se orina en los pantalones” frente a las Farc; Uribe llegó a insinuar que Sergio Jaramillo y el mismo presidente Santos eran “infiltrados de la Far en mi Gobierno”. Pidieron su renuncia. Con la vulgaridad de esas mentiras, con la maliciosa estrategia de meter miedo con el lobo feroz que ya viene a convertir a Colombia en Venezuela, convencieron a buena parte de un electorado medroso e influenciable de que Santos era más o menos el demonio en persona.

Pero Noruega (y estaremos agradecidos para siempre con ese país y con la Fundación Nobel) reconoce el esfuerzo de más de seis años del Presidente. Él ya ha logrado un país menos violento, más sereno, más pacífico. Noruega, al ser garante del proceso, ha conocido por dentro el accionar del gobierno. Noruega ha visto las verdaderas intenciones del Presidente y su equipo. Saben que Santos ha insistido tenaz y obstinadamente, incluso después de la derrota del Sí, en conseguir un Acuerdo aceptable. Y el presidente calumniado, el presidente desprestigiado, el presidente despreciado por la arrogancia de quienes más gritaban, recibe al fin la recompensa que se merece. Ya no van a poder engañar al pueblo ingenuo con más mentiras. Se les acabó el discurso de Santos-guerrillero, Santos-chavista, Santos-vendido.

Sus adversarios, como nos reveló el candoroso Vélez Uribe, no apelaban a la razón, sino a la emotividad, al miedo, a la mentira, y a la invitación a votar con rabia contra el presidente. Pues bien: el Premio Nobel es también un símbolo emotivo, pero que no usa el miedo, ni la mentira, sino la alegría y la esperanza. Con razón decía García Márquez que Macondo pasa de un día para otro del desencanto al alborozo, de la duda a la revelación. El Nobel de la Paz nos revela quién lo ha hecho bien y cuál es el camino de la verdad y de la reconciliación. Felicitaciones y gracias, Noruega. Felicitaciones y gracias, Presidente Santos.

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  • Argeno Prat Q. 09/10/2016 at 10:31 am

    Bravo por el presidente Santos, las víctimas del conflicto que en su mayoría votaron por el SI y por Héctor Abad F., el mejor cronista de estos acuerdos históricos de paz!