Columnas

De Lesbos a Jericó

15/01/2017

Inmigrantes

Colombia ha sido un país alérgico a los inmigrantes. No porque el pueblo sea xenófobo (al revés, creo que hay cierta xenofilia en buena parte de los colombianos), sino porque sus gobiernos lo han sido. Durante la colonia las autoridades de la metrópoli española hacían todo lo posible por impedir que a nuestras tierras vinieran moriscos, judíos, mahometanos o conversos. Algunos se colaron, pero pocos. Ya en la república la gran influencia de la iglesia católica hacía casi imposible que aquí pudieran encontrar asilo europeos protestantes. Si traían ingenieros de minas o geógrafos, los preferían irlandeses católicos, o italianos y nórdicos que acreditaran esta misma fe religiosa.

En los años treinta y cuarenta del siglo pasado Colombia recibió poquísimos refugiados republicanos españoles y menos aún judíos perseguidos por los nazis. Entre las consignas más vergonzosas de nuestra cancillería de la época hay una circular que prohibía conceder visas a “elementos hebreos”. De esto fue artífice un ministro racista de Eduardo Santos: Luis López de Mesa. Algunos gobernadores, como el antioqueño Pedro Claver Aguirre, lograron tramitar unos pocos permisos de asilo a algunas familias judías ya al final de la guerra. Esos inmigrantes nos enriquecieron. Buena parte de la pujanza científica, editorial, médica y en general cultural de México, Argentina y Chile, la trajeron las familias republicanas y judías que se refugiaron allá. Aquí nos encerramos en una falsa pureza endogámica, siempre orgullosa de su aislamiento.

Ahora Colombia, con el ánimo que da una realidad menos violenta y con el optimismo de un país que quiere abrirse al mundo, debería corregir el viejo error de ser un país ensimismado. Durante cuatro decenios de conflicto millones de colombianos se refugiaron en muchos países del mundo. Ha llegado el momento de devolver el favor y de traer a Colombia (no pido mucho para empezar) siquiera unas doscientas o trescientas familias sirias, iraníes o afganas de las que en estos días se congelan bajo la nieve en las islas griegas. ¿No podría corregir el presidente Santos el error de su tío abuelo y conceder refugio y asilo a 500 personas que huyen desesperadas de las guerras en medio oriente?

No faltará quien se oponga con ira a una medida así (la única forma de que no nos critiquen es no hacer nada, pero aún así se nos criticará la inacción) por permitir la entrada a musulmanes, que para muchos son sinónimo de terroristas. O por no socorrer antes a otros colombianos necesitados. Pobres hay en todos los países, empezando por Grecia. Y entre los refugiados sirios podría haber doctores, comerciantes, profesores, artesanos, campesinos. Gente distinta que nos abra la mente. ¿Qué importa si le rezan a Alá o a la Virgen?

A los pueblos de Antioquia, a muchas ciudades y pueblos de la Costa, llegaron sirio libaneses, judíos y en general aquellos que llamamos “turcos” (por su pasaporte), que enriquecieron nuestra cultura material e intelectual. De ahí vinieron Gabriel Turbay y Gómez Jattin. De ahí vienen los Ojalvo, los Zimerman y los Aubad de Antioquia. Yo mismo no sé si el apellido que llevo es árabe, judío o castellano, pero poco me importa pues lo único que sé es que algún antepasado mío cruzó el océano en busca de mejores aires. Y en el trópico montañoso encontramos, hace siglos, un sitio para vivir y educarnos y tratar de no ser malas personas.

Aquí le pido públicamente a la buena ministra Holguín, al presidente Santos y a los alcaldes de los pueblos del Suroeste antioqueño (Támesis, Jericó, Tarso, Jardín…), que hagamos una vaca entre el gobierno, ciudadanos corrientes y algunos empresarios sensibles para acoger en estas montañas dignamente a unas personas que huyen desesperadas de la muerte. Salvar a 200 familias es traer un puñado de arena del desierto, casi nada. Pero peor es nada. Colombia debe y puede. Si estamos mejor, es hora de que seamos también un asilo para el mundo que más sufre de lo que nosotros ya sufrimos.

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  • Ramiro Molina 16/01/2017 at 10:53 am

    Perfectamente de acuerdo con Héctor Abad; no más endogamia en un país que se ha beneficiado de las migraciones.

  • Mcjaramillo Mcjaramillo 16/01/2017 at 3:00 pm

    Ojalá esa llamada tenga una respuesta positiva de las autoridades y de los ciudadanos.

  • Luis Roldán 17/01/2017 at 7:47 am

    Excelente propuesta Héctor, demuestra tu buen corazón. Pero igual creo que deberíamos empezar por rescatar a los refugiados de Bosque Calderón, a las más de 20 familias como la Samboní para que no se repitan casos como el de Yuliana. Por cuestión de imagen también: ¿te imaginas lo que pensarán las 300 familias de refugiados sirios al ver cómo tratamos a nuestros pobres y lo que les puede pasar a sus niños? Se nos bajan de la patera antes de llegar al Caribe, ¿no crees?

  • William Perez 22/01/2017 at 7:44 am

    Que gracioso…. Esperan que Colombia se convierta en país de refugiados cuando tenemos la tasa de desplazados internos mas alta del planeta, ademas de familias con doctores y gente preparada tenemos muchas, o se le olvido el plan “es tiempo de volver” de colciencias que a la final les salio con un chorro de babas a los científicos que regresaron al país. Total en Colombia con tantas deficiencias en salud, educación y empleo es descabellado pensar en convertirlo en campo de refugiados.