Columnas

Contra la actualidad

02/03/2014
radio

Foto: Carlos Henrique Reinesch.
Tomada de aquí: http://oo-rein-oo.deviantart.com/

Hace poco di por terminada una experiencia de más de un año: participar todas las mañanas en un programa radial de noticias, debate y discusión (sobre todo) política. Todas las tardes una voz amable, la de Ricardo González, me ponía tareas poco amables: Uribe, Petro, el Procurador, las Farc, Venezuela, el Papa, el proceso de paz, y de nuevo Uribe, Petro, el Procurador. Yo estudiaba por las noches el caso y a la mañana siguiente, de 6 a 9, me agarraba de las mechas con la godarria del programa: Paloma (el “halcón”) Valencia, Nicolás Uribe o Rafael Guarín. Mi jornada, después, quedaba teñida de molestia y rabia. Al menos hasta el mediodía me la pasaba sacándome clavos por el argumento o la respuesta oportuna que no había dicho, porque se me ocurría horas después. Durante más de un año estuve sumido en el desgaste inútil de la actualidad, en esa marea de bilis y mal genio en que consiste el tejemaneje político cotidiano de todos los países. Jamás en este año se me ocurrió un poema; para la poesía se necesita, ante todo, tener la mente limpia.

No niego la importancia de la política, por supuesto, pero la pasión de vida o muerte con que discutimos sobre estos temas (como sobre plata o fútbol) tiene poco que ver con los efectos reales que estos asuntos tienen en la sociedad. Transforman más a un país el agua potable, los computadores, la arquitectura, el internet o las vacunas que todos los discursos de todos los senadores del mundo. Creo que los políticos pueden, en efecto, convertir un país en un infierno, pero no está en sus manos convertirlo en un paraíso; los gobiernos menos nocivos son aquellos que dejan a los ciudadanos trabajar en paz y libertad.

La actualidad suele ser lo pasajero, lo insutancial. Lo importante es, no digamos eterno (que ni siquiera existe), pero sí intemporal. Ir contra la actualidad es no ocuparse de la moda (¿qué se lleva este verano?), sino de la desnudez y del vestido en general; no de la política electoral, sino de la democracia y otras formas de gobierno; no de las conversaciones de paz en La Habana, sino de la historia de la violencia en Colombia.

La actualidad presiona casi hasta el chantaje a un columnista. Uno se siente obligado a escribir, por ejemplo, sobre las elecciones del próximo domingo y tiene la tentación de decirles a los lectores -como si fueran párvulos- por quién sí y por quién no deben votar. Los lectores te consideran tibio si no tomas partido. Yo lo tomaría si hubiera un partido cuya bandera fuera decir que no sabe cuál es la solución, un partido de la incertidumbre, dispuesto siempre a cambiar de políticas si estas no funcionan.

Sé por experiencia que en todos los partidos hay gente buena y gente abominable. Podría encontrar alguien a quien recomendar en el conservatismo (que es el partido del Procurador) o en el partido de Uribe, y hasta en el partido chavista que siente inclinaciones por las Farc. En estos, como en el Polo, en Cambio Radical y en el Partido Liberal hay pillos y personas honorables.

Pero me siento felizmente liberado de la actualidad desde que no tengo que salir a discutir diariamente por la radio. Ya no sé en qué va la destitución de Petro y sé que en poco tiempo eso no tendrá importancia alguna; me tiene sin cuidado si las encuestas favorecen a Uribe o al Partido de la U; no creo que el Congreso se vaya a renovar pues los candidatos nuevos que hay servirán solamente para inflar los votos de los candidatos de siempre. Un país cambia y mejora despacio, no por los políticos, sino a pesar de ellos.

Ahora, de 6 a 8 am, y antes de entrar a trabajar en una Biblioteca, oigo a Liszt y a Chopin, cantatas de Bach, arias de Händel, conciertos de Vivaldi, cuartetos de Haydn, y cosas así. Eso me deja todo el día con una mente limpia, sensible a la belleza que tiñe el tiempo intemporal y me inclina a no ver las pancartas electorales, sino las montañas, los árboles, la lluvia y las muchachas que pasan frente a mi limpia ventana de cristal.

 

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  • Daniel Ramos 02/03/2014 at 4:13 pm

    Hola Héctor, totalmente de acuerdo. Ya no veo noticieros ni escucho radio, solo leo prensa. Se vive mejor y muy bien informado también.

    Cambiando de tema: quise agregar esta entrada al blog del poema de Borges pero no encontré la forma de hacerlo: http://utopica.equinoxio.org/de-los-escribientes-de-borges-y-otros-laberintos/597 Jaime plantea un desafío al lector al final de su libro y aquí le tomo el guante 😉

    Saludos,

    Daniel Ramos

  • camilojimenez 02/03/2014 at 5:07 pm

    Siempre me pregunte que habría motivado a un seguidor de Borges con un talante tan sensible como para embarcarse a la búsqueda de unos versos perdidos, abordar también una aventura en mar abierto con esa variedad recalcitrante de seres humanos que solo desgastan la felicidad y la armonía.
    Excelente tenerte de vuelta y felicitaciones mayúsculas; a ti por la libertad y a la Biblioteca por el privilegio de contar con una mente brillante en sus filas.

    Saludos,

    Camilo Jimenez

  • Daniel Ramos 05/03/2014 at 7:33 pm

    Hola Héctor, nuevamente *offtopic*: la segunda parte luego de leer Traiciones de la memoria: http://utopica.equinoxio.org/del-olvido-y-el-fin-del-juego/629

    Saludos,

    Daniel