Columnas

Contra el rencor

08/03/2015
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‘Guernica’. Pablo Picasso. 1937.

En 1942 Benedetto Croce, filósofo agnóstico y liberal, escribió un ensayo que es justamente célebre en Italia: “Por qué no podemos no llamarnos cristianos.” La palabra “cristianos” la pone Croce entre comillas para resaltar que lo suyo no es una declaración de fe católica ni de índole religiosa, sino más bien una constatación histórica: después de Jesús y de los Evangelios hubo una revolución en la manera de concebir la actitud hacia los enemigos. Cristo pone en crisis las antiguas virtudes del guerrero: el heroísmo, el honor y la venganza violenta. Para Croce, el odio, la ira y la revancha son de estirpe pagana, y en cambio la actitud de perdón y compasión de Jesús, contagia a los filósofos medievales, renacentistas e incluso a los iluministas franceses.

La revolución que el filósofo italiano señala como herencia del cristianismo es la de vencer el mal con el bien, y sustituir la ley del talión del Antiguo Testamento (“ojo por ojo y diente por diente”) por la metáfora de “poner la otra mejilla” a los enemigos. Perdonar a los que nos ofenden, en vez de vengarnos de ellos, fue un extraño y paradójico descubrimiento de esa persona -real o ficticia no importa: real en las escrituras- que es venerada por casi un tercio de la población mundial: 2.200 millones de personas. Suspender el círculo vicioso de responder a la muerte con otra muerte, le da una oportunidad a la vida y a la convivencia.

Sonará raro que un ateo confeso como yo se declare también inevitablemente “cristiano” en el sentido de Croce. Creo que muchos ateos lo somos en ese sentido de la compasión y de la no-violencia que es quizá la mejor herencia de la religión (en tantos otros sentidos negativa) que fundó el predicador de Nazaret. Crecimos sumergidos en esa extraña idea religiosa de la que está impregnada la música de Bach, la pintura de Rafael y la poesía de Santa Teresa. Por eso me parece que hoy, más que nunca, es necesario apelar al sentimiento cristiano del perdón, invocado una y otra vez por el Papa Francisco, para poder superar el largo conflicto armado colombiano. Y resulta por lo menos curioso que quienes más católicos se proclaman en el espectro político del país sean precisamente quienes más se están oponiendo (incluso contra el parecer de los obispos de su Iglesia) a la reconciliación y a la firma de la paz.

Hoy hay una marcha -a la que adhiero con entusiasmo- organizada por Antanas Mockus, que invoca el respeto por la vida. Los fariseos han intentado linchar mediáticamente al profesor Mockus, pero su lucha es hermosa y debemos apoyarla. Y acaba de ocurrir en La Habana algo impensable: generales vestidos de civil se han sentado frente a frente a discutir con los guerrilleros de las Farc. A discutir sobre entrega de armas, paz, política y desmovilización. En un gesto que habla muy bien de las fuerzas armadas, los militares han puesto la otra mejilla con tal de parar la guerra.

En esta guerra nadie está libre de culpa. Es inútil decir ahora quiénes más y quiénes menos. La paz no se hace con una espiral de recriminaciones de quién pegó primero y quién pegó más duro y quién más a mansalva y cuál fue más cobarde. Si es peor el secuestro o el falso positivo, la desaparición o la mina quiebrapatas. Basta de odio y rencor. El ex presidente Gaviria ha propuesto algo sensato: una especie de amnistía contemporánea, basada en justicia transicional para todos: que incluya a los Rito Alejos y a los Timochenkos, a los parientes de Uribe, a los chuzadores del Das y a los secuestradores de Ingrid y Emmanuel.

Cuando el anterior gobierno adelantó el proceso de Justicia y Paz, apoyé el perdón a los paramilitares, de los cuales fue víctima mi familia, a cambio de verdad. Por eso mismo hoy puedo invocar ese mismo valor cristiano (en el sentido de Croce) del perdón y de la reconciliación de toda la sociedad. Con una mínima dosis de justicia para la paz, con verdad sin rencor, y la ilusión de un país muy distinto: un país compasivo, no vengativo.

 

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  • Oniria 08/03/2015 at 1:46 pm

    Me gustaría leer a futuro algo más sobre los primeros párrafos. Muy interesante.

  • Anabelle Aguilar 08/03/2015 at 4:05 pm

    Como siempre excelente!

  • meganga 08/03/2015 at 5:14 pm

    No es para mí extraño que Abad “la saque del estadio” EXCELENTE.

  • Claudia María 08/03/2015 at 5:40 pm

    Excelente reflexión…si la practicáramos seguro este mundo seria otro.Nos toca sembrar esta semilla para que las nuevas generaciones recogan los frutos.

  • Peregrino 09/03/2015 at 1:00 am

    Me gustaría leer ese ensayo de Benedetto Croce… lo busqué, pero no lo encontré.
    Este me ha parecido un excelente artículo. Sencillo, directo, claro.

  • Oscar Peláez 09/03/2015 at 2:33 am

    El perdón y casi que el olvido, pienso, que es algo que podríamos lograr, incluso los colombianos que fueron victimas directas del conflicto. Pero pasa en gran parte por la titánica tarea de educar a los colombianos para la paz, porque muchísimos tienen una visión muy sesgada de lo que sucede y sucedió. Y muchas veces desde esa ignorancia se sigue entorpeciendo las posibilidades de avanzar hacia una solución. Quisiera ser optimista, pero veo que falta demasiado. Qué va a pasar con los guerrilleros rasos si en Colombia no hay oportunidades de empleo, si la mayoría de pequeños campesinos apenas subsiste, si muchas de las personas que tienen un alto nivel educativo prefieren migrar a países donde si valoran su trabajo y sus conocimientos. Y para más, los paramilitares tienen todavía un brazo armado fuerte y la persecución no se va a hacer esperar ¿será que al colombiano hay que plantearle la paz como un negocio del cuál todas esas partes se van a beneficiar?

  • Alejandro Linero Welcker 09/03/2015 at 12:35 pm

    Lo he dicho muchas veces. Para hacer la paz hay que perdonar. Y se necesitan más huevos para perdonar que para hacer la guerra. El perdón lo hace una persona extremadamente valiente.

  • Jose Oswaldo Reyes P (@JOswaldoReyes) 09/03/2015 at 1:32 pm

    Soy lector asiduo de Hector Abad, le creo todo por su fundamentacion historica menos que sea ateo. Es honesto y humilde por eso considera, pienso, muy altos los ideales del cristianismo.

  • mcjaramillo 09/03/2015 at 3:43 pm

    No sé de que se asombra: esos católicos a marcha martillo, son muy poco cristianos.
    Excelente y necesario artículo.

  • Gladys Kook 10/03/2015 at 5:54 pm

    A propósito de este magnífico artículo de Héctor Abad les transcribo del libro conversaciones conmigo mismo de Nelson Mandela esta entrevista o conversaciónde de éste, con Richard Stengel:” Stengel: ¿has utilizado esa comparación antes puedes entonces francesa y la de Cristo y los usureros.
    Mandela: sí. Sí. Creo que seguramente lo he hecho, que podría haberlo hecho, porque melase muy bien…
    Stengel: explícame ahora con usabas esa analogía….
    Mandela:…El hecho de tener que usar métodos pacíficos o violentos…, Lo determina puramente la situación… Cristo utilizaba la fuerza porque en esa situación concreta era el único lenguaje que podía usar.Y…, Por tanto, no hay ningún principio que diga que no se puede usar la fuerza. Depende de la situación. Así es como enfocaría la cuestión.
    Stengel: Así que, en función de las circunstancias, ¿es incluso cristiano utilizar la fuerza porque Cristo tuvo que recurrir a ella ?
    Mandela: bueno, todo el mundo, cuando la única forma de avanzar, de resolver problemas, es el uso de la fuerza; cuando los métodos pacíficos se hacen insuficientes. Es una lección que nos ha dado la historia, a lo largo de los siglos y…, En todas las partes del mundo.