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Azúcar, azuquítar

19/11/2017

 

 

Lo peor de la violencia que afectó a Colombia en los últimos decenios fue que la urgencia y la exageración de este fenómeno nos distrajo de muchos otros temas. La dureza del conflicto no nos dejaba fijarnos otros problemas y, por así decirlo, nos mantenía ocupados en lo urgente sin darnos el espacio para lo importante. Si hay grupos matando, secuestrando, desapareciendo, cortando con motosierra, rematando con tiros de gracia, nadie va a ponerse a pensar en la educación, en la salud o en el agua potable. No hay discusión ni noticia que pueda competir con una masacre.

Lo mejor de la paz firmada con las Farc no es el texto del acuerdo, ni las buenas intenciones, ni la Comisión de la Verdad o la Jurisdicción Espacial para la Paz. Lo bueno de ese acuerdo es que al fin podemos concentrarnos en temas que no sean la lucha entre el Estado y la guerrilla o entre los paramilitares y el pueblo raso. Hoy hay muchos que todavía quieren que sigamos hablando solamente de ese tema, y ya que no hay combates ni soldados muertos, que al menos nos peleemos obsesivamente sobre los ex guerrilleros senadores o los integrantes de tal comisión. Francamente creo que Colombia ya está harta del tema y que la gente al fin quiere ocuparse de otras cosas que no sean la guerra y la paz. Dejar la guerra atrás es no dejarnos distraer de nuevo de lo que sí vale la pena analizar y discutir.

Hace más de un año, mientras discutíamos apasionadamente sobre los acuerdos de paz, a los más distraídos con el tema se nos pasó por alto un asunto fundamental para la salud de las personas, y en especial la de los más numerosos, menos educados y menos favorecidos. Acabo de caer en la cuenta de esta distracción por un artículo que publicó esta semana el New York Times. Se trata de algo que parece inocuo, inofensivo e intrascendente: las gaseosas con azúcar, eso a lo que en Antioquia llamamos “frescos”, y cuyos nombres propios pueden ser Cocacola, Pepsi, Colombiana o Manzana Postobón.

Sí, claro, yo sabía y recordaba vagamente que el gran Ministro de Salud Alejandro Gaviria había luchado por aumentarles los impuestos y por desincentivar su consumo en toda la población, especialmente entre los jóvenes. Pero se me habían pasado por alto los congresistas y partidos que habían hundido olímpicamente una medida elemental, la tasa del 20%, para mejorar la salud de la gran mayoría de los colombianos. Tampoco había registrado el nombre de una mujer valiente, la activista Esperanza Cerón, que desde una ONG, Educar Consumidores, se había empeñado en apoyar con campañas de educación masiva esta lucha contra el excesivo consumo de azúcar. No sabía de la feroz persecución contra ella del Superintendente de Industria y Comercio. Y tampoco de la intimidación, en los límites de la amenaza mafiosa, ejercida por matones al servicio de los intereses de la industria de los refrescos.

La defensa impúdica, malsana y dañina de la Organización Ardila Lulle, y de su emporio mediático, RCN, de los intereses de la industria azucarera y de refrescos -según el detallado relato del NYT-, me hicieron pensar en esa alianza, también impúdica, entre el partido del senador Uribe, otros senadores supuestos aliados del gobierno, y el consistente compromiso con la mentira del Canal RCN. Ahora resultan más claros los motivos por los que ese Canal ha sido un acérrimo enemigo de la paz: por un lado le cobra al Gobierno su sano y saludable intento de poner más impuestos a la industria azucarera y de las gaseosas; por otro lado le echa una mano al senador Uribe en su cruzada fanática contra el acuerdo de paz. Y por último, indirectamente, al conseguir que el conflicto siga, o que el único tema sea el de paz o guerra con la guerrilla, nos distrae de asuntos fundamentales como lo dañinas que son sus gaseosas o lo inútil y antiecológica que es su agua envasada. El asunto no es ni siquiera ideológico: es de pura plata. A ellos no les importa hacer daño, siempre y cuando ganen mucho siendo dañinos.

 

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10 Comments

  • Reply Lola Cortez 19/11/2017 at 5:07 am

    Fuerte, muy cierto y qué triste.

  • Reply Juan F. Echeverri C. 19/11/2017 at 7:10 am

    $$$$$$$$$$$$$ o mejor dicho MERMELADA, esa que gobierna el país. La PAZ no se ve por ningún lado y Colombia corre grave peligro “como nunca antes”. No nos hagamos masajes mentales don Héctor, que eso encallece el cerebro.
    Nos mamó la politiquería y la mentira.
    Juanfer

  • Reply Edbert 19/11/2017 at 7:49 am

    Impactante artículo sobre los intereses de unos pocos gamonales, que la paz ha dejado entrever. Imagino que seguirán saliendo a la luz otros temas más que corrupción y atentados contra la salud pública como se muestra en el NYT

  • Reply Gregorio Cantor 19/11/2017 at 8:16 am

    Qué tipo tan sesgado es usted, Hector Abad Facio Lince. El consumo de azucar es un tema de educación. Los mamertos resuelven todo con impuestos. Cobrar a los ricos para darle a los pobres. Ahí están Cuba y Venezuela para ver los resultados de la política de gravar a las empresas hasta el punto de hacerlas inviables. Si logran precipitar a Colombia en el abismo miserable del socialismo, ustedes los periodistas mamertos quedan “enchufados” mientras el pueblo en la igualdad buscará la comida en los basureros.

  • Reply Manuel 19/11/2017 at 10:31 am

    Excelente punto de vista.
    Gracias por su opinion siempre fresca y objetiva Don Hector.

  • Reply Cristian Collante 19/11/2017 at 5:30 pm

    El odio y el fanatismo político sí encallece el corazón, señor Echeverri.

  • Reply Patricia Gómez 19/11/2017 at 10:43 pm

    Excelente. Muchas gracias

  • Reply Alfredo A. Hincapié 20/11/2017 at 6:14 pm

    Muy valiente tu columna sobre el azúcar, Héctor. La industria de las gaseosas promueve a través de los medios ( especialmente RCN) el consumo masivo un veneno envasado que ha causado estragos dentro de la población más desprotegida y desinformada. Entre otros males, el consumo excesivo de azúcar (léase, gaseosas, refrescos y similares) puede generar diabetes, esteatosis hepática, cáncer de páncreas, disfunción cognitiva, Alzheimer, deficiencia renal, hipertensión arterial, y un largo etcétera.
    Digo que es muy valiente tu columna porque con ella también te haces acreedor al odio del Zar “gaseosero” y de sus esbirros enquistados en diferentes estratos del poder. Casos de heroínas, como Esperanza Cerón, merecen ser reconocidos por la gente de la calle y debidamente denunciados.
    Gracias una vez más por tus palabras y tus escritos en general (sigo tus novelas, tus crónicas y lo demás…) Ojalá que ningún ogro archipoderoso de este país logre intimidarte nunca.

    Un abrazo en la distancia.

  • Reply Gabriel Arango 23/11/2017 at 11:16 am

    Paz en el sentido estricto no se ve y no la veremos nunca. Pero los pueblos y las veredas ya no cuentan ni lloran muertos. Miles de muertos que ya no se tienen que llorar no significan nada? Que lo digan aquellos que les asiste mas el derecho que a nosotros: los que se han desangrado en vivo mientras muchos simplemente los veíamos por la TV.

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