Columnas

Aspirar, inspirar, expirar

17/04/2016
Foto de Emanuel Zerbos

Foto de Emanuel Zerbos

Es casi la media noche del viernes 15 de abril. Empecé a escribir este artículo (bueno, no este, otro) a las ocho de la mañana. He empezado, sin éxito, otros cinco artículos con cinco temas distintos. Si resto las dos pausas para comer, llevo más de doce horas frente a la pantalla sin poder escribir nada coherente. He leído periódicos colombianos, gringos, ingleses, italianos, españoles en busca de un tema que, hoy, me resulta esquivo. Nada me interesa, por interesante que sea.

Llevo dos meses y medio tratando de escapar de la realidad. Tratando de no vivir en Colombia. Suspendí Twitter, Whatsapp, apagué el celular. Dos meses y medio haciendo hasta lo imposible por pensar solamente en la novela que estoy escribiendo. Al fin vivo en ella. No hay nada, ni lo más dramático, que logre interesarme, casi nada que consiga en este momento atravesar una especie de coraza o barrera de insensibilidad. Sé (o al menos, cuando vivía en Colombia y en la realidad, sabía) lo importante que es el proceso de paz. Sé que en las elecciones de Estados Unidos se decide en parte el futuro del planeta. Sé que si este domingo destituyen a Dilma Rousseff habrá terremotos políticos en América Latina.

He intentado escribir sobre todo esto pues todavía sé que sobran los temas importantes, trascendentales. Pero hoy ninguno consigue traspasar la anestesia que me cubre, el impermeable que impide que me moje con el aguacero de la actualidad. No estoy ahí. Lo único real, para mí, en este momento, es la propia irrealidad de lo que escribo. La fantasía de una serie de situaciones y de personajes inventados, metidos en un espacio inexistente, me resulta mucho más real y atractiva que la misma realidad. Más verdadera.

Y el mundo de los hechos, o de los supuestos hechos, aparece como envuelto en una niebla, en una lejanía que no consigo traspasar. Si algo despierta de verdad mi interés (cinco mujeres muertas este año en Medellín en clínicas estéticas de implantes más o menos piratas) es porque pienso que alguna de esas historias cabría en mi libro, algo modificada, atenuada o exagerada. Sirve para dos párrafos de una novela, pero no para un artículo, no en este momento.

El excesivo apego a la actualidad ensucia el arte, perjudica la ficción, impide el sueño. Escribir una novela es como caer en un estado de ensueño bastante irreal. Es como una borrachera permanente, de la que uno no sale ni siquiera cuando se duerme. Bajo la ducha, desayunando, en la bicicleta, comiendo, conversando, haciendo el amor, a toda hora, está ahí la novela, más real que el agua sobre la cabeza, los caminos bajo las ruedas, el café en los labios, el pan en la boca, las palabras en la garganta, los besos en la lengua. A no ser que la ducha, la bicicleta, el pan con queso, las conversaciones, el coito, se trasladen también al libro, como por arte de magia.

No sé si me hago entender. Durante los dos meses y medio que llevo escribiendo esta novela, lejos de mi país, de mi trabajo, de mi ciudad, sin pensar casi en nada más, había podido cumplir sin dificultades con mi compromiso semanal de la columna con El Espectador. Reservaba los viernes para ella, y casi siempre estaba lista al medio día. Hoy no. Lo cual es una buena señal para la novela, y una pésima circunstancia para escribir la columna. Tal vez debería pedir una licencia, un permiso, vacaciones… O pedirles perdón a los lectores por mi incapacidad actual de conectarme con un tema real, preciso, actual, polémico, importante. No puedo: así el libro que escribo sea intrascendente, es lo único que en este momento me interesa hacer. Por eso, solo de esta manera me lo puedo explicar, llevo doce horas sentado frente a este aparato sin poder escribir. Ni la novela, ni el artículo semanal.

Espero que, con esta explicación, me lo sepan perdonar. Siempre escribo sobre Colombia. Casi siempre sobre mi ciudad. Pero para poder hacerlo tengo que estar lejos, muy lejos, física y mentalmente, de lo que pasa allá.

 

 

 

 

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  • Cata 18/04/2016 at 6:22 am

    Escriba sobre la superficialidad de nuestros cuerpos con cirugia