Columnas

Amado mío

18/10/2014
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Old dictionary – NRichey

Cada vez que me preguntan qué libro me llevaría a una isla desierta, contesto siempre lo mismo: mi amado diccionario. Frente a mí, en el escritorio donde empiezo a redactar esta nota, miro y cuento mis diccionarios: tengo 49 en papel (de la lengua, de otras lenguas, de la ciencia, de uso, de autoridades, de americanismos, de religiones, de sinónimos, etimológico, de dudas…). Tal vez no los consulte tan a menudo como debiera. Sé muy bien que antes de terminar este artículo habré cometido al menos siete errores de léxico o de gramática, que me habría evitado si los hubiera abierto, pero los tengo frente a mí como una coraza, como un escudo contra los ataques de ignorancia, de pereza, de descuido, de falta de autocrítica. Escribir con diccionarios al lado es tan cómodo como caminar con zapatos sobre el cascajo, tan útil como un pararrayos en noches de tormenta, como lentes para la miopía y audífonos para la sordera.

Cada vez consulto más, por supuesto, los diccionarios virtuales, que son innumerables. De hecho, si lo que tuviera que escoger para llevarme a una isla desierta fuera una sola página web (acabo de buscar esta palabra: está en el de la RAE), creo que escogería Wikipedia (que en el DRAE no sale todavía). Sé muy bien que los eruditos desprecian a Wikipedia. Sospecho que su desprecio es una forma de la envidia, y es por eso que le ven tantos peros y peligros. Yo, que erudito no soy, profeso por ella la misma devoción que los escritores anteriores a Internet le tenían a la Enciclopedia Británica (que también me acompaña, pero que ya no abro casi nunca porque, por ejemplo, en la edición que tengo, no aparece la palabra Ébola, que hoy es indispensable). La quiero tanto que cada mes doy un óbolo (nada qué ver con Ébola) por lo mucho que me desasna.

Pero hoy lo que tenemos que celebrar es la salida de una nueva edición del magnífico -con todos sus defectos y carencias- Diccionario de la lengua española de la Real Academia. 93 mil entradas, casi 200 mil acepciones, 19 mil americanismos (pocos, para mi gusto) y una cantidad deliciosa de palabras nuevas que nos harán reír, soñar, protestar, admirar. Da gusto una lengua capaz de fagocitar (acabo de mirarte, palabreja, creo que te uso bien) palabras del inglés (hacker, tuitear, tuitero), del italiano (la hermosísima birra que me tomaré al terminar esta columna), del afgano (burka), del viejo francés (la chaise longue donde pienso hojear el nuevo diccionario cuando me lo compre).

Hace trescientos años un hombre solo, Sebastián de Covarrubias, publicó su Tesoro de la lengua castellana o española, y su paciencia y genio admirables nos dieron un gran ejemplo. Pero hoy en día los diccionarios, como Wikipedia (donde acabo de verificar los datos sobre don Sebastián), son obra colectiva. Cada vez nuestro mundo interconectado permite con más facilidad que otros cerebros ayuden, añadan y critiquen. Cuatro ojos ven más que dos, y no digamos siete o setenta mil. Cada tuit que uno publica, por ejemplo, está sometido al escrutinio de cientos de lectores que aclaran y corrigen, y así lo hagan con saña te brindan una gran ayuda.

Mediante un tuit le pregunté el otro día a la Academia Española por qué habían optado, en la palabra gay (en inglés, homosexual), por las grafías gay y gais (pronunciadas con A) y no por una forma más fonética, guey y gueis. La respuesta tardó pocas horas: “Se consideró una adaptación menos violenta: hay hablantes que así la pronuncian. Y por su parentesco con el adj. «gayo, -ya» ‘alegre, vistoso’.” Creo que pueden tener razón y casi me convencieron. Quizá yo me obstine por algunos años en pronunciar ‘gueis’, pero al final es posible que el uso imponga gais. La gaya ciencia, la poesía del tiempo, es siempre la que decide, según el uso y los sonidos que la gente prefiere, porque, como también dice la Academia, “el Diccionario no autoriza el uso de las palabras, sino que lo refleja.” Y con esta reflexión, y la venia de ustedes, voy por mi birra.

 

 

Imagen tomada de aquí

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  • ALEXANDER MORA GIL 19/10/2014 at 1:59 pm

    Muy buena Reflexión. El gran Diccionario o Enciclopedia “WIKIPEDIA” es un clro ejemplo de la democratización del Conocimiento. Wiki: Un wiki (o una wiki) (del hawaiano wiki, «hacer las cosas de forma sencilla y rápida») es un sitio web cuyas páginas pueden ser editadas por múltiples voluntarios a través del navegador web. Los usuarios pueden crear, modificar o borrar un mismo texto que comparten. Ejemplo: La WIKIPEDIA es el Wiki más grande del mundo. Toda esta enciclopedia la han escrito voluntarios.

  • Iris Rangel 19/10/2014 at 2:22 pm

    Excelente! El diccionario es también mi libro favorito.

  • Yazmine Liviba 19/10/2014 at 4:25 pm

    El gusto es compartido. Cuando estudiaba en la universidad, mis profesores bromeaban diciendo que mi libro de cabecera era el diccionario de sinónimos de francés, y gastaba en diccionarios lo que ganaba como instructora de inglés de bachillerato de mis vecinos.

    Excelente reflexión. Ya no me siento ave rara.

  • mcjaramillo 19/10/2014 at 6:15 pm

    A mí no me gusta mucho la cerveza, pero está muy bien que a usted le encante la birra.
    Que le siente bien.
    Un saludo.

  • Tatiana Buitrago 20/10/2014 at 2:31 pm

    Te amo.

  • Walter Rojas 20/10/2014 at 10:22 pm

    Los únicos que pronuncian “gais”, hasta donde tengo entendido, son los peninsulares. En todo América siempre he escuchado “gueis”. La RAE es centrista. ¿Cómo así que llamar “americanismos” a las palabras que usamos en este lado de la lengua?

  • Juan Carlos Vergara 21/10/2014 at 12:50 am

    Luego de esta buena columna, yo también me voy por unas birras.

  • Ernesto Ujueta Rozo 21/10/2014 at 10:28 pm

    Excelentes reflexiones y comentarios! – Me agrada el “desparpajo” de Héctor Abad.

  • William 26/10/2014 at 9:30 pm

    Gran artículo! Cabe mencionar como expresión sentimental el hecho de que cada momento en que se cruza frente a mis ojos una lectura que posee léxico desconocido no puedo evitar la curiosidad de imaginar, releer e investigar “que es?,para que esta ahí?, de donde proviene?” la encrucijada de saber el propósito es quizás lo que termina por reforzar el habito de investigar y aprender a usar mas palabras nuevas!